ENFRENTAR EL PASADO

Por María Laura GAMBERO

 

PARTE I

 

 

UNO

Hoss Cartwright finalmente encontró el momento de ir a pescar. Lo había pospuesto varias veces durante las últimas tres semanas, debido a que su padre siempre encontraba alguna tarea para él.  Era consciente que desde la partida de su hermano, Ben Cartwright estaba realmente ocupado atendiendo asuntos que Adam solía manejar.  Dos años completos habían pasado desde que Adam se había marchado, pero el vacío que dejó su partida continuaba allí.

Pensando en su hermano mayor e imaginando dónde podría encontrarse, Hoss llegó al lago. Desmontó su caballo y estiró sus brazos al cielo dejando que sus pulmones se llenaran con el fresco aire de la Ponderosa. Ansioso por comenzar con lo que tenía en mente, Hoss tomó de su montura, la caña de pescar y la bolsa con sándwichs que Hop Sing le había preparado. Era un día perfecto.  El claro cielo azul, desprovisto de nubes combinaba con los verdes y frondosos pinos.  El lago se mostraba calmo y cristalino y gracias al reflejo del amplio cielo, las sierras a su alrededor se habían teñido de azul. Definitivamente Adam no encontraría un lugar más hermoso que este, pensó.  Hoss se dirigió hacia su lugar favorito.  Afortunadamente, Joe, su hermano menor, no le había propuesto acompañarlo de modo que se disponía a disfrutar de una tarde de silenció y paz sin interrupción.  Se sentó y comenzó a preparar su caña de pescar.

Un extraño ruido proveniente del bosque quebró su concentración. Hoss frunció el ceño y se paró instantáneamente al ser su cuerpo invadido por una sensación de alarma.  A primera vista el lugar parecía tan calmo y silencioso como siempre.   Hoss apretó sus labios con perplejidad, pero decidió volver a lo que estaba haciendo.  Tan pronto como tomó la caña de pescar, escuchó el mismo sonido.  Con fastidio la arrojó al suelo advirtiendo que no podría disfrutar del día de pesca si no descubría primero que estaba sucediendo. Fue hacia Chubb, su caballo, y tomó el rifle que siempre llevaba en su montura. Luego de chequearlo, caminó cuidadosamente hacia el bosque preguntándose si una trampa había atrapado a un animal.  Sacudió su cabeza al imaginarse la cara de su padre al enterarse. Papá no estará contento de saber que alguien ha estado dejando trampas en nuestra tierra, pensó Hoss.

Le tomó varios minutos ver al hombre que yacía inmóvil entre la maleza.  Hoss corrió hacia él tan rápido como pudo. Se arrodilló a su lado al tiempo que lo volteaba con el objeto de ver su rostro. El hombre apenas podía abrir sus ojos. Su rostro estaba cubierto de sangre, la cual brotaba de su boca y de una importante herida en su frente.  Su destrozada camisa dejaba expuestos los sangrantes raspones y las irritadas heridas.

-         Tranquilo – dijo Hoss limpiando la sangre con su pañuelo. – Traeré ayuda.

Pero presionando el brazo de Hoss, el hombre lo detuvo y lentamente se esforzó por decir algo. Hoss se inclinó más hacia él para escuchar lo que deseaba decir. Apenas pudo comprender algo sobre una hermana.  Intentó aconsejarle que no hablara, pero antes que pudiera hacerlo, el hombre cerró sus ojos y murió.  Hoss lo recostó y se puso de pie. Se frotó la mandíbula con su mano derecha y frunció el entrecejo tratando de comprender qué habría sucedido. Recorrió el lugar con la vista y a varios metros de distancia algo fuera de lugar captó su atención. Hoss corrió en esa dirección y encontró a una mujer que yacía entre dos arbustos. A primera impresión, Hoss creyó que estaba muerta, pero cuando se arrodillo a su lado advirtió que su respiración era muy entrecortada y obviamente dificultosa, pero todavía respiraba.  Como el hombre que acababa de morir, su rostro estaba cubierto de sangre y su delgado cuerpo estaba terriblemente golpeado. Hoss tomó una decisión y deslizó sus brazos bajo sus piernas y sus hombros. Luego, tomando todas las precauciones necesarias la alzó, rogando que su intervención no empeorara las cosas.  No tenía que ser un experto para saber que la condición de la mujer era crítica. 

 

DOS

Parpadeando e intentando focalizar, finalmente despertó. Sin saber donde se hallaba, recorrió el cuarto con la vista.  El dolor de cabeza que sentía la hizo desear cerrar los ojos nuevamente. Lentamente elevó una mano y tocó el vendaje que cubría la mayor parte de su frente. El pecho le dolía con cada respiro que tomaba, aumentaba el dolor de sus piernas, brazos y espalda. Intentó abrir los ojos nuevamente, pero no pudo. Se durmió otra vez.

La siguiente ocasión que abrió sus ojos, se sentía un poco mejor.  El dolor continuaba allí pero era tolerable.  Luchaba por recordar pero ni un solo recuerdo venía a ella. Se acomodó y advirtió que los vendajes de sus brazos habían desaparecido y contempló perpleja los colores: verde, violeta y amarillo de la herida.  Risas amortiguadas provenientes de algún lugar llegaron a ella. Dónde estoy, se preguntó, quiénes son.  Soportando el dolor trató de sentarse pero su cuerpo estaba demasiado débil para moverse. Estaba sedienta y mareada.  Respiró hondo y cerró sus ojos, repentinamente se sintió demasiado cansada para estar despierta.

La tercera vez que abrió sus ojos advirtió que tenía compañía en el cuarto.  Parpadeó varias veces hasta que pudo focalizar y vio a un hombre enorme contemplándola. El hombre se hallaba sentado en una silla junto a la cama. Lo miró confundida y lo vio arrastrar la silla acercándose aún más a ella.

-         Bueno, finalmente despiertas, - dijo suavemente. – Estaba seguro que lo lograrías.

-         ¿ Qué sucedió? – quiso saber.  Sus palabras salieron de su boca como un murmullo seco y distante. El hombre tomó un vaso de la mesa de noche y la ayudó a beber un poco de agua. – Gracias. ¿ Dónde estoy?

-         Estas en la Ponderosa, - respondió él colocando una mano sobre su frente. – Mi nombre es Hoss Cartwright vivo aquí con mi padre y mi hermano menor.

-         Yo… - empezó diciendo pero se detuvo.

-         Espera, iré a decirle a Papá y a Joe que has despertado, - dijo Hoss tiernamente mientras se paraba. Salió del cuarto con paso rápido, dejándola sola con su creciente confusión.

Minutos más tarde, Hoss regresó seguido de dos hombres. Los tres la contemplaban con cálidas sonrisa. Ella les ofreció una sonrisa tímida. El mayor de los hombres pasó junto a Hoss y se sentó junto a ella.

-         Bienvenida a la Ponderosa, - dijo. Su voz era suave pero poderosa e instantáneamente ella supo que podía confiar en él. – Soy Ben Cartwright. Ya conoces a mi hijo Hoss y ese es mi hijo menor Joseph. – Ella se volvió hacia él y lo saludó con una inclinación de cabeza.

-         Hola, me alegro que estés finalmente con nosotros, - dijo Joe con amplia sonrisa. A ella le cayó bien en cuanto distinguió el travieso brillo de sus ojos verdes y la cautivante sonrisa que bailaba en sus labios.

Sin saber qué decir, ella miró alrededor y momentáneamente sus ojos se detuvieron en sus rostros; uno por  vez. Se acomodó nuevamente en la cama y bajó la vista mientras una amarga sombra cubría su semblante.  Luego se dirigió a ellos con tristeza.

-         Quiero agradecerle Mr. Cartwright por cuidar de mi más allá de los problemas que supongo he causado, - empezó diciendo con suave y tímida voz. – Lo siento tanto, pero no puedo decirle qué sucedió, pues no lo sé. Ni siquiera sé mi nombre.

Comenzó a sollozar y dejó caer su rostro en sus manos. Ben acercó a ella y la abrazó acariciando su espalda, mientras Joe y Hoss intercambiaron miradas de tristeza. Lentamente se fue componiendo y separándose de Ben le agradeció nuevamente. Ben asintió ofreciéndole una sonrisa reconfortante.

-         No te preocupes por eso en este momento, - dijo Ben suavemente. – Los recuerdos volverán en el momento adecuado… ahora tienes que descansar.

-         Pero Mr. Cartwright, no puedo quedarme aquí.

-         Claro que puedes y es lo que harás hasta que el doctor Martin te autorice a dejar esta cama, - dijo Ben mostrando todas su autoridad. Ella asintió con una sonrisa.

-         Mientras tanto debemos encontrarte un nombre, - comentó Hoss con ternura.

-         ¿ Qué te parece Molly? – sugirió Joe uniéndose a la idea de su  hermano. – Siempre me gustó ese nombre.

-         Esta bien por mí, - respondió sonriéndoles a ambos.

-         Perfecto, desde ahora en adelante serás Molly para nosotros, - dijo Hoss firmemente con amplia sonrisa.

 

Molly pasó los siguientes quince días en cama y dos veces por semana el doctor Martin pasaba por la Ponderosa a chequear sus heridas y sus costillas.  En  una de esas visitas, Molly le preguntó sobre su amnesia, pero Martin no tenía respuestas concretas para darle.

-         Como no sé que te ha sucedido, no estoy seguro de la causa – le dijo el doctor Martin. – Pudo haber sido algo que golpeó tu cabeza o tal vez atravesarse una experiencia traumática. Me temo que es cuestión de tiempo.

Durante esos días, Molly le hizo a Hoss gran cantidad de preguntas sobre el día en que la encontró como así también sobre el hombre que murió a escasos metros de ella. Pero él no tenía mucho por agregar. Molly también le pidió a Joe que averiguara si alguien esperaba a una pareja en Virginia City, Carson City o sus alrededores, pero también eso condujo a un punto muerto.

El Sheriff Roy Coffee tomó el caso en sus manos y puso sumo empeño en resolver el misterio. Envió telegramas a otros Sheriffs en el territorio de Nevada y California, pero ninguno supo informarle sobre la desaparición de una pareja. Tampoco encontró algún documento o alguna otra pista en el lugar donde Hoss la había encontrado, de modo que al no tener rastros sobre los cuales continuar la búsqueda, un mes más tarde el caso fue cerrado.

-         Pudo haber sido una emboscada, pero realmente no lo sé – le dijo una tarde. – Lo siento mucho pero creo que debemos esperar a que recuperes la memoria para saber la verdad.

Finalmente Molly fue autorizada a dejar su cama, pero el doctor Martin no le permitió salir de la casa hasta que estuviera completamente recuperada.  Dado que los Cartwrights pasaban fuera de la casa la mayor parte del tiempo, Molly se vio obligada a enfrentar largos, aburridos y solitarios días.  Era una silenciosa testigo de lo mucho que Hop Sing debía trabajar para mantener la casa limpia y tener el almuerzo o la cena lista antes que la familia regresara al hogar. Con el paso de los días Molly comenzó a aburrirse y necesitaba algo que mantuviera su cabeza ocupaba.  Vagando sin rumbo alrededor de la casa como un silencioso fantasma, descubrió varios detalles que Hop Sing pasaba por alto. También descubrió que a diferencia del resto de los cuartos, había una puerta que permanecía siempre cerrada. La curiosidad la estaba matando, de modo que una mañana una vez que los Cartwrights dejaron la casa, corrió escaleras arriba dirigiéndose directamente a ese dormitorio.

En cuanto abrió la puerta, pudo sentir la personalidad de su dueño. Solo un hombre sofisticado y educado podía habitar allí.  Era un cuarto atractivo y masculino. Los muebles eran exquisitos y la amplia cama de oscura madera enfrentaba una biblioteca ubicada contra una de las paredes. Molly sonrió y se acercó para ver si hallaba algún volumen interesante. La sorprendió la riqueza de los títulos como así también la falta de cuidado y el desorden con que estaban ubicados. Parece que nadie los ha tocado por algún tiempo, pensó al ver la capa de polvo que los cubría. Molly sonrió complacida por encontrar algo que hacer en esa gran casa.  Se dirigió hacia la ventana y la abrió dejando que la fresca brisa entrara.  Luego se puso a trabajar.

Le tomó solo cuatro días limpiar y organizar la biblioteca, pero al terminar con su trabajo se encontró con que otra vez no tenía nada en que ocupar su tiempo. Estaba mortalmente aburrida y desesperadamente necesitaba alguna actividad.  Se volvió hacia Hop Sing y con su dulce modo de hablar logró que le permitiera ayudarlo.  En un principio el Chino le respondió con gran cantidad de palabras de su lengua natal que Molly no alcanzó a comprender, pero al final aceptó y en menos de una semana ambos reían y disfrutaban de la mutua compañía. 

Una noche mientras cenaban, Molly se mostró más conversadora de lo habitual y con entusiasmo compartió su buen humor con Hoss y Joe, mientras Ben guardaba silencio. Le había tomado cariño. Era una hermosa joven, de rostro dulce y voz amable. Tenía el cabello oscuro, corto y algo enrulado.  Sus ojos eran verdes ansiosos y curiosos. Molly estaba completamente repuesta y lista para regresar a su vida, pero el problema radicaba en que todavía no sabía dónde su vida estaba, y eso era justamente lo que más preocupaba a Ben. De alguna manera, la presencia de Molly hacía que Ben recordara lo maravilloso que era contar con una mujer en la casa. Era tan agradable encontrarla en la casa al regresar de un día de trabajo. Su dulzura y su encantadora ternura habían cautivado a todos en el rancho. Joe y Hoss la trataban como a una pequeña hermana y hasta Hop Sing tenía una relación especial con ella. Ben suspiró al advertir cuanto deseaba que Molly permaneciera con ellos para siempre.

-         Estas de muy buen humor esta noche, - comentó Joe divertido.

Molly sonrió escondiendo una mueca divertida, ansiosa por contarles, pero temía que Ben no aprobase su intromisión en el cuarto cerrado. Recorrió la mesa con la vista y encontró tres pares de ojos contemplándola.

-         Espero que no les moleste, - dijo finalmente Molly. Ben, Joe y Hoss la miraron intrigados. – Estuve nuevamente en ese cuarto.

-         ¿ Qué cuarto? – preguntó Ben.

-         El que esta lleno de libros, - respondió Molly sin ocultar su fascinación. – Es grandioso. Cuantos libros; novelas, poesías. Es tan completa esa biblioteca Ben.

-         Si lo es, - respondió Ben complacido de que luego de la partida de Adam alguien en la casa lo apreciara. - ¿ Encontraste alguno de tu interés?

-         ¿ Alguno? – preguntó Molly sorprendida. – He estado leyendo Shakespeare por semanas. Me encanta. – Molly hizo una pausa y sus ojos destellaron de alegría. – Ahora estoy leyendo Hamlet.

Molly dejó la mesa por un momento dirigiéndose hacia la mesa del living.  Tomó el libro que allí había dejado y lo llevó hacia el comedor. Se ubicó junto a Ben y le pasó el libro. Ben acarició la cubierta y sonrió recordando cuantas veces había discutido el tema con Adam. Hoss y Joe la miraron con incredulidad, luego intercambiaron miradas de desagrado. Nunca entenderían porqué la gente admiraba tanto a Shakespeare.

-         ¿ Te gusta Ben? – quiso saber ella llena de entusiasmo.

-         Lo siento querida, pero no. A mi hijo mayor le encanta – explicó. Molly giró su rostro hacia Hoss y estuvo a punto de comenzar una conversación sobre el escritor Inglés cuando Ben dejó escapar una sonora carcajada que captó toda su atención. – Hoss no es mi hijo mayor. Mi primogénito es Adam, - le contó Ben y con cada palabra sintió cuanto lo extrañaba. Torció su boca al tiempo que dejaba el libro junto a Molly. – Se fue hace dos años. Quería viajar alrededor del mundo.

Por un breve momento el espíritu de Adam sobrevoló la mesa. Ben, Joe y Hoss clavaron la vista en el libro.

-         ¿ Cómo es?  - preguntó intrigada, rompiendo el silencio. - ¿ Es cómo tu Joe o cómo tu Hoss?.

-         Definitivamente como ninguno de los dos, - comentó Joe irónicamente. – Afortunadamente hay un solo Adam Cartwright, nadie toleraría dos.

-         Que lastima que no pueda conocerlo, - dijo simplemente Molly.

Hop Sing apareció en el comedor llevando en sus manos una bandeja con café para todos. Joe y Hoss se pusieron de pie al tiempo que comentaban que tenían tareas que terminar en el establo. Ambos sabían que Ben deseaba mantener una conversación con Molly y sería preferible que estuvieran a solas.

-         Vamos cerca del fuego Molly, - sugirió Ben y tomando su taza fue hasta su sillón favorito.

Molly se acercó llevando la bandeja.  Hacía tiempo que había descubierto que Ben siempre tomaba más de una taza de café.  Se sirvió una taza y bebió su café con la mirada clavada en el fuego.

-         Molly quiero que hablemos, - dijo Ben al cabo de unos minutos de silencio. Molly frunció el ceño y lo miró intrigada. - ¿ Qué planes tienes para el futuro? – preguntó Ben contemplándola. Hizo una pausa y le dio un sorbo a su café. – No me mal interpretes, te puedes quedar todo el tiempo que desees, pero me gustaría escuchar qué deseas tú para tu futuro. 

Molly escondió sus temores tras su taza de  café. Estaba aguardando esta conversación desde hacía meses y todavía no sabía que decir. Decidió ser honesta con él, Ben Cartwright lo merecía.

-         No recuerdo nada de mi pasado todavía Ben, - empezó diciendo y bajó la vista eludiendo la mirada de Ben. – Realmente no sé dónde ir. – La voz de Molly se volvió un murmullo y luchaba por encontrar las palabras adecuadas para decir lo que hacía algún tiempo que venía preguntándose. – Bueno, he estado pensando que tal vez podría trabajar aquí, como ama de llaves. Hop Sing tiene mucho que atender, es una casa tan grande. Puedo ayudarlo con la limpieza, el planchado y varias cosas más. – Molly hizo una pausa y trató de controlar sus emociones. – Ustedes son la única familia que conozco. No quiero irme Ben, pero no puedo quedarme aquí sin ayudar en algo y definitivamente no puedo domar caballos, - agregó con una sonrisa pícara. – En cambio, creo que el trabajo de ama de llaves me queda bien.

Ben rió abiertamente y se inclinó hacia ella. Le había agradado lo que Molly había dicho, pues tampoco él quería que ella se marchara.  Ben miró su dulce rostro y su mirada encontró los chispeantes ojos verdes que lo miraban con ruego.

-         Sabes querida, creo que es una magnífica idea, - dijo finalmente.

Molly se llenó de felicidad y dejó caer su mandíbula al no poder contener la sorpresa.  Se puso de pie y se acercó a Ben. Se arrodilló a su lado y lo abrazó.

-         Gracias Ben, - murmuró y la voz se le quebró de la emoción. Se alejó de Ben y secó las lágrimas que se juntaban en sus ojos. – Voy a decirle a Hop Sing, va a estar contento de saberlo.

Ben asintió con amable sonrisa y la observó correr hacia al cocina llamando a Hop Sing.

 

TRES

-         ¿ Necesitas algo de Virginia City, Ben? – preguntó Molly durante el desayuno. – Creo que te estas quedando sin tabaco.

-         Si Molly, tienes razón, - respondió y bebió un poco de café. – Podrías, por favor, pasar por el correo y chequear si hay algo para mí. Estoy esperando una carta de un amigo.

-         Claro Ben, - respondió Molly, luego miró a Joe y a Hoss. – Muchachos, ¿ ustedes no necesitan nada?

-         No, gracias – respondieron simultáneamente.

-         Porqué no te quedas a almorzar en la ciudad – sugirió Joe con picardía. – He oído que hay varios hombres que aguardan tu visita semanal.

-         No me interesa ninguno de ellos – respondió tajantemente. – Tengo suficiente con ustedes tres.

-         Vamos, Molly, no te enojes, - comentó Hoss socarronamente. – Vamos a chequear sus antecedentes y te encontraremos un hombre bueno y atractivo. Confía en nosotros.

-         Que ni se les ocurra, - chilló Molly secamente al tiempo que dejaba la servilleta sobre la mesa y se ponía de pie. – Mejor me voy.

Ben la siguió con la mirada llena de cariño.  Dos años habían pasado desde que ella había llegado a la Ponderosa y desde entonces sus vidas cambiaron.  La casa parecía brillar. Molly había ubicado un enorme florero lleno de flores para perfumar la entrada, el comedor y el living.  Se encargó de mantener la biblioteca de Adam prolija y ordenada, y acomodaba todos los cuartos. También mantenía el fuego en buena forma, cuidando que la casa se mantuviera templada. Pero por sobre todas las cosas, su buen humor, su cariñosa y atenta naturaleza y su encantadora risa trajo aire fresco a la Ponderosa.

Ben aprendió a quererla como a la hija que nunca tuvo, y no podía evitar estar algo preocupado por ella. Molly nunca mostró indicios de recuperar su memoria y tampoco parecía importarle. Se negaba a asistir a fiestas o eventos sociales, como si buscara refugio tras los Cartwrights y su inmensa Ponderosa. Únicamente se dirigía a Virginia City en busca de mercadería y correo y regresaba al rancho tan rápido como le era posible.  Tengo que hacer algo al respecto, se dijo Ben mientras terminaba su café.

Molly regresó a la casa a mediodía.  Dejó la  carreta junto al establo y saludó a dos peones que trabajaban en el corral.

-         Hola Marc, hola Jeremy – saludó sacudiendo su mano hacia ellos.

-         Hola señorita Molly,  es un hermoso día para un paseo – dijo el hombre llamado Jeremy apenas tocando el borde de su sombrero con gesto galante. – ¿Quiere que lleve todas estas cosas a la cocina?

-         Oh, eso sería muy amable de tu parte. Gracias, - respondió Molly ofreciéndoles su mejor sonrisa. – Marc podrías ocuparte de los caballos, por favor.

-         Claro señorita.

Ambos hombres sonrieron al tiempo que asentían. Era una mujer tan agradable que todos los empleados de la Ponderosa se preguntaban quién conquistaría su corazón. Molly tomó el correo y el tabaco que había comprado para Ben del asiento de la carreta y cruzó el jardín en dirección a la casa.

-         Ben, muchachos, ya estoy aquí – gritó cerrando la puerta tras ella.

-         Aquí estoy Molly – respondió Ben desde su escritorio. Ella apareció unos segundos más tarde y le entregó el tabaco y las cartas. – Parece que nadie te ha invitado a almorzar después de todo, - dijo Ben y sonrió divertido.

-         No puedo creer que te hayas unido a esos dos hijos tuyos, - dijo Molly secamente.

-         Oh, vamos Molly, - repuso Ben poniéndose de pie y acercándose a ella. Pasó un brazo alrededor de los delgados hombros de Molly y la condujo hacia el sillón donde ambos se sentaron. – Molly eres una muchacha joven y hermosa, - empezó diciendo Ben. – Dos años han pasado desde que vives con nosotros y en todo ese tiempo nunca has mostrado interés en divertirte.

-         Todo a su debido tiempo, Ben – lo interrumpió Molly abruptamente.  Se inclinó hacia él y cariñosamente le besó la mejilla. – Tengo que ir a ayudar a Hop Sing.

Ben la observó pararse y alejarse rumbo a la cocina. Sacudió su cabeza con resignación y regresó a su escritorio.  Se sentó, pero antes de retomar su trabajo tomó las cartas que Molly le había traído.  Frunció el ceño con concentración buscando la carta de su amigo, cuando algo captó poderosamente su atención. Dejó caer todas las cartas, quedándose sólo con una en su mano. Reconocería esa letra en cualquier parte. Adam, murmuró su alma. Ansiosamente abrió el sobre preguntándose dónde podría encontrarse su hijo.

Queridos Papá, Hoss y Joe:

Mucho ha pasado desde mi última carta y finalmente me he dado cuenta que no existe lugar como nuestra querida Ponderosa. Siendo breve quiero decirles que estaré allí el 4 de septiembre. Llevo conmigo una pequeña sorpresa para todos ustedes.

Nos vemos pronto.

Adam.

 Ben sintió su cuerpo invadirse por la alegría y las lágrimas llenaron sus ojos. Suspiró lleno de emoción. Finalmente su hijo estaba volviendo a casa. Lo he soñado por tanto tiempo, pensó. Escuchó voces provenientes del jardín. Miró por la ventana y vio a Joe y a Hoss desmontando sus caballos junto al establo. Sin pensarlo dos veces corrió hacia la puerta de entrada. Desde el umbral de la puerta principal los llamó a los gritos. Asustados los muchachos salieron del establo, pero ambos se relajaron al ver el sonriente rostro de su padre. Se miraron preguntándose qué podría haber sucedido.

-         Adivinen, ¿quién llega mañana? – preguntó con ojos brillantes.

-         Bueno, Papá a juzgar por la cara que tienes tiene que tratarse de nuestro gran hermano, - respondió Hoss dejando escapar una risa. – Tu rostro lleno de felicidad es todo cuanto necesitamos ver.  Has estado esperando su regreso desde el mismo día que se marchó.

-         Esta bien, lo admito. Lo extraño demasiado, – comentó Ben suavemente mientras sus ojos recorrían la carta de su hijo. – Mañana estará aquí con nosotros, - agregó pensativamente.

-         Entonces mañana es el gran día, - dijo Joe con ojos chispeantes y deslumbrante sonrisa al poner su brazo alrededor de los hombros de su padre.

-         Si, y dice que trae una sorpresa para todos nosotros, - comentó Ben paseando la vista desde Joe hasta Hoss. – Vamos tenemos mucho por hacer.

 

CUATRO

Escoltado por sus hijos menores, Ben Cartwright entró en Virginia City, cuarenta y cinco minutos antes del arribo estipulado de la diligencia.  Se sentía tan ansioso y nervioso que no soportaba esperar por ver a Adam.  Cerca de un millón de veces le había preguntado a Molly por el cuarto de Adam y el cuarto de huéspedes. Pacientemente Molly le respondió que ambos cuartos estaban limpios y ordenados, listos para ser habitados. Otro millón de veces le había preguntado a Hop Sing sobre la comida y la torta favorita de Adam, pero el cocinero chino no fue tan paciente como Molly y con fastidio respondía con gran cantidad de palabras chinas cada vez que Ben preguntaba.  Molly finalmente lo empujó fuera de la casa antes que pudiera hacer alguna otra pregunta.

Mientras Ben permanecía en silencio, los muchachos trataban de adivinar cuál sería la sorpresa que Adam traería con él.  Nada parecía adecuado con su seco y serio hermano.

-         Es capaz de traer al mismísimo Shakespeare luego de despertarlo de su tumba, - bromeó Joe con ironía y comenzó a reír.

La diligencia apareció al final de la calle. El cuerpo de Ben se puso tenso.  Sintiendo su sueño volverse realidad, parpadeó varias veces reteniendo las lágrimas que amenazaban con caer.  Hoss miró a su padre y suavemente pasó un brazo sobre sus hombros compartiendo su emoción. En menos de cinco minutos la vieja diligencia se detuvo frente a ellos.  Una pareja bajó en primer término.  Saludaron a los Cartwrights con una leve inclinación de sus cabezas y se alejaron.  Ansioso, Ben dio un paso hacia la diligencia. Adam apareció frente a él.   Padre e hijo se miraron sonrientes.  De un salto Adam bajo de la diligencia y ambos se perdieron en un fuerte y prolongado abrazo.  Se separaron escasos centímetros para que Ben pudiera mirarlo con mayor detenimiento y tomó el rostro de su hijo en sus manos.  Volvieron a abrazarse.  Hoss y Joe se miraron con emoción esperando su turno para abrasar a su hermano.  Finalmente Adam se dirigió a ellos y abriendo sus brazos los abrazó al mismo tiempo.

-         Muchachos, cuanto los extrañé – dijo sosteniéndolos con fuerza contra su cuerpo. – Miren cómo están.

-         También te extrañamos hermano, - dijo Joe con lágrimas en los ojos.

-         Estamos contentos de tenerte aquí con nosotros, - agregó Hoss presionando el hombro de Adam.

Los hermanos volvieron a perderse en un abrazo mientras Ben los observaba lleno de felicidad. Adam es el mismo hombre que nos dejó más de cuatro años atrás, pensó y le agradeció a Dios habérselo devuelto en una sola pieza.  Un ruido proveniente desde diligencia les llamó la atención. Ben, Joe y Hoss clavaron sus miradas en el coche esperando ver quien bajaría. Adam los contempló divertidos.

-         Papi, ¿ puedo salir?. Hace mucho calor aquí.

La suave y aniñada voz proveniente de la diligencia los sorprendió. Los tres volvieron su mirada hacia Adam con desconcierto mientras él los miraba con una sonrisa llena de orgullo.  Definitivamente no esperaban esto, pensó. Adam le indicó a su hijo que saliera.

El niño mostró su cara y lentamente se puso de pie frotándose los ojos con sus puños.  Era un niño algo y delgado. Como su padre poseía cabello oscuro y profundos ojos paros escondidos tras unas tupidas cejas negras.  Tal cual Adam a su edad, pensó Ben sintiendo las lágrimas en sus ojos. Al ver a su padre, el niño estiró sus brazos hacia él.  Adam lo alzó suavemente y el niño se aferró al cuello de su padre.

-         Pa, muchachos, permítanme presentarles a Matthew Cartwright, - dijo orgullosamente Adam acariciando la espalda de su hijo. – Matt, ellos son tu abuelo Ben y tus tíos Hoss y Joe.

Ben se acercó a su hijo y acariciando la cabeza de su nieto lo saludó.  Matt lo miró con ojos curiosos y dejó que Ben lo tomara en sus brazos.  Joe y Hoss se unieron a su padre emocionados por conocer al nuevo miembro de la familia. Adam respiró hondo y los contempló con alivio. Se volvió hacia la diligencia en busca de su equipaje.

-         Adam… - dijo Ben al cabo de unos minutos. Adam no necesitó mirarlo para saber qué trataba de preguntar. La voz de su padre era suficiente.

-         Karen murió, - fue la tajante y seca respuesta

Adam bajó la vista momentáneamente y luego de erguirse llevó el equipaje hacia el coche. Sus palabras sacudieron a toda la familia.  Ben y Joe intercambiaron tristes miradas y lo siguieron en silencio mientras Hoss caminaba detrás jugando con su sobrino en sus brazos.

-         Papi, es enorme – dijo Matt apuntando a su tío Hoss con uno de sus dedos.

-         Si lo es, - respondió Adam con una sonrisa.

Adam se hallaba ubicado en el asiento delantero del coche cuando Hoss pasó a su lado. Matt estiró sus brazos a su padre de modo que Adam lo recibió. Los tres extraños intrigaban al niño.  Su padre había dicho que eran su abuelo y sus tíos. También le había contado varias historias sobre ellos.  Matt elevó la mirada y sus ojos encontraron los de su padre; aprovechó para preguntarle porque nunca mencionaba a su abuela.  Con ternura Adam le sonrió diciéndole que hablarían luego al respecto.  Matt no insistió, en cambio se puso el dedo en la boca y buscó una posición más cómoda contra el cuerpo de su padre.  Adam le sonrió y le acarició la espalda.  En silencio elevó la vista y exploró el paisaje.  Había extrañado tanto esa tierra que le costaba creer que se encontraba en la Ponderosa. Todo cuanto veía parecía más hermoso de lo que lo recordaba.  Suspiró sintiendo que algo cambiaba en su interior y luchaba porque el Adam Cartwright que había sido al dejar la Ponderosa saliera a la superficie, pero no podía.  Ese hombre había estado muerto por tantos años que no estaba seguro de poder volver a serlo alguna vez.  Pero debía tratar.

-         Cuéntanos de tu viaje – dijo Joe trayéndolo a la realidad. - ¿ Dónde has estado?

-         Londres, París, Roma y muchas otras ciudades alrededor de Europa, - fue su cortante respuesta.

Joe y Hoss intercambiaron miradas, desconcertados por el modo en que Adam había cortado el tema.

-         ¿ Dónde nació mi sobrino? – quiso saber Hoss.

-         Boston. – Otra respuesta tajante.

-         Hey, como tu – comentó Hoss con entusiasmo. – Vaya coincidencia.

-         Si. Otra coincidencia fue que nació el día de mi cumpleaños. – Esta vez su respuesta fue además de seca, pensativa. – Tres años y medio atrás.

Adam respiró hondo y decidió contarles pero sólo para evitar que hicieran más preguntas. Les contaría parte de la historia. Comenzó mencionando cómo conoció a Karen en Nueva York; cómo se enamoraron en el momento en que se vieron. Juntos recorrieron Europa por poco menos de un año, amándose locamente y haciendo planes para el futuro. Estaban tan enamorados que decidieron volver a América y visitar la Ponderosa antes de embarcarse hacia Australia. En medio del viaje, Karen descubrió que estaba embarazada. Se casaron en Boston y pocos meses más tarde Matthew nació. La voz de Adam se quebró, pero a pesar del dolor que obviamente sentía, su voz era distante y carente de emociones. Hizo una pausa y permaneció en silencio varios minutos luchando por mantenerse entero. Ni Ben, ni los muchachos se atrevieron a romper el silencio que Adam había generado.

-         Karen, era increíble. Encontré en ella todo lo que pretendía de una mujer.  

Adam hizo una nueva pausa y presionó sus labios tratando de ocultar el dolor que los tristes recuerdos le causaban. El enojo que crecía en su interior era algo que había aprendido a controlar desde su muerte. Miró a su hijo que tranquilamente dormía en sus brazos.

-         Todavía la extraño, – dijo finalmente.

-         Lo sé hijo… - dijo Ben y lo miró con tristeza.

-         Seguro, - replicó Adam irónicamente. – No esperaba otro comentario de ti y no me mires compasivamente – chilló. La dura y tajante respuesta sorprendió a todos, de manera que Adam intentó contener la abrupta oleada de cólera que sintió. Sus cejas se elevaron y logró ser más amable. – Afortunadamente tengo a Matt.

Cayeron en un incómodo y profundo silencio y por fortuna para Ben y sus hijos menores estaban llegando a la casa. Adam estaba perdido en sus pensamientos y volvió su atención a los hermosos pinos de la Ponderosa. Sonrió alegre en cuanto vio la casa, pero su sonrisa desapareció al tiempo que su rostro se volvía oscuro. Frunció el entrecejo con malestar.

-         ¿Te has casado mientras estaba lejos? – le preguntó a Ben sarcásticamente. No estaba de humor para conocer extraños especialmente una mujer.

-         Adam, porque no te calmas – chilló Hoss ante el sarcástico comentario de su hermano. – Has llegado hace poco más de una hora y este ese tu tercer comentario desagradable.

Adam asintió.

-         Lo siento Papá, no quise decir eso – dijo frotándose la frente. – Estoy tan cansado. Ha sido un largo y caluroso viaje desde Nueva Orleans.

-         ¿ Nueva Orleans? – preguntó Joe desconcertado. – Creí que venias de Boston.

-         Estuve en Boston, pero el mes pasado estuvimos en Nueva Orleans. – Otra respuesta cortante.

-          Esta bien Adam, ya estas en casa, – dijo Ben mirando a su hijo con preocupación. – Ahora puedes descansar.

Al bajar del coche, Hop Sing se acercó a saludarlo. Adam lo abrazó con un brazo, sosteniendo a Matt que dormía en el otro. Molly permaneció a cierta distancia; percatándose de lo felices que Ben, Hoss y Joe parecían estar. Ben la miró y con un movimiento de su mano le indicó que se acercara.

-         Adam, deja que te presente a Molly. Ella vive aquí con nosotros, - dijo Ben pasando un brazo sobre los hombros de la muchacha. – Molly finalmente conoces a mi hijo mayor. Te presento a Adam y ese pequeño niño es mi nieto Matthew.

Adam estrechó su mano dedicándole una sonrisa rápida y distante. Molly se ofreció a llevar a Matt a una cama, pero Adam sacudió su cabeza negativamente y dirigiéndose a su padre le dijo que llevaría a su hijo a su propio cuarto.

-          ¿Sigue siendo mío, no? – preguntó secamente.

Ben asintió con asombro y lo observó marchar hacia la casa con paso acelerado. Algo no esta bien, pensó Ben con pesar. Se volvió hacia Joe y Hoss indicándoles que se ocuparan del equipaje, pero dejó de hablar cuando vio las caras de sus hijos.

-         ¿ Qué demonios le pasa? – preguntó Joe con preocupación. – Parece ser el mismo sarcástico, serio y seco de siempre, pero al mismo tiempo no es totalmente Adam.

-         Joe tiene razón, Pa.  Ni siquiera parece estar feliz de estar aquí con nosotros, - agregó Hoss con aflicción.

-         Lo sé. Debemos darle tiempo. Esta lastimado, - explicó Ben poniendo sus manos sobre los hombros de sus hijos. – Todos sabemos cuán hermético puede ser respecto de sus sentimientos.  Adam nos contará lo que sucede cuando este listo para hacerlo.

Molly entró en la casa detrás de Adam, pero él no lo notó como tampoco le dio demasiada importancia cuando Ben los presentó. Molly, en cambio, sintió el impacto de su masculinidad y la atracción que su fuerte y esbelto cuerpo emanaba.  Sabía que nunca antes había conocido un hombre como Adam Cartwright.  Nunca había sentido ni el deseo ni el hechizo que sintió por este atractivo hombre.   Comprendió entonces lo que Joe había querido decir cuando le dijo que no existía nadie como su hermano mayor. Molly decidió permanecer en la cocina hasta que la hora de cenar llegara; estaba perturbada por sus propios sentimientos y necesitaba estar a solas para calmarse.

Adam ingresó a su cuarto y colocó a Matt sobre su cama. Se sentó al borde de la cama y recorrió el cuarto con la vista. Cada rincón era familiar, y gran cantidad de recuerdos llegaron a él. Sus libros, sus dibujos y por supuesto su guitarra. Adam cerró sus ojos, sintiendo su cuerpo relajarse  por encontrarse finalmente en un lugar seguro, rodeados por aquellas personas a quienes más quería. Si bien, ninguno de ellos lo sabía, Adam los necesitaba más que nunca; Necesitaba la fortaleza y sabiduría de su padre; la tierna y comprensiva naturaleza de Hoss; y el coraje y optimismo de su pequeño hermano. Bueno, ya no es tan pequeño, pensó Adam al recordar a Joe cuando tenía la edad de Matt.

Adam no supo cuanto tiempo permaneció en silencio pensando y recordando, pero un golpe en la puerta lo trajo a la realidad.

-         Pase, – dijo.

-         Hijo, la cena va a estar lista en unos minutos.

-         Gracias Papá, - respondió con una sonrisa. – No puedo creer que estoy aquí.

-         Tampoco yo, hijo – dijo Ben. Se acercó a Adam y pasó un brazo por sus hombros. – Te extrañé tanto Adam.

Adam asintió pero permaneció en silencio. Giró su cabeza y contempló a Matt. El niño dormía profundamente, pero no quería dejarlo allí.

-         Voy a llevar a Matt abajo, se va a asustar si despierta y no me ve – comentó como si pensara en voz alta.

-         Es igual a ti a su edad, Adam – Ben mencionó con ternura.

-         No quiero que sea como yo – fue  su rápida respuesta.

Ben frunció el ceño desconcertado.

-         ¿ Porqué dices eso?

-         Vamos Papá, estoy hambriento, – dijo simplemente cortando la conversación.  Alzó a Matt y con paso acelerado dejó su cuarto dejando a Ben solo con su confusión.

Fue una cálida cena familiar. Adam habló la mayor parte del tiempo contando historias sobre las diferentes ciudades que había visitado. Joe hizo gran cantidad de preguntas que su hermano contestó con paciencia.  Molly lo escuchaba atentamente sintiendo su corazón latir con fuerza.  Su mente luchaba por dejar de pensar en él del modo en que lo hacía, pero no podía sacarse a Adam Cartwright de la cabeza. Se lo imaginaba leyendo, montando su caballo y tocando su guitarra y con cada pensamiento el fuego en su interior aumentaba.

-         ¿ Quién tocó mis libros? – preguntó Adam un par de minutos más tarde. Molly fue sacudida por el cuerpo y profundidad de su voz.  Ella sonrió  y le comentó que había mantenido la biblioteca limpia y en orden por los últimos dos años. – Gracias, has hecho un muy buen trabajo.

-         Tienes una gran colección ahí arriba. He estado leyendo tus libros desde que llegué a vivir aquí. Espero no te moleste, - dijo con ternura. Lo miró directo a sus oscuros ojos y se perdió en ellos. No podía dejar de sonreírle y su cuerpo se encendió al encontrarse hipnotizada por su encantadora mirada. Adam asintió y le devolvió la sonrisa.

-          ¿ Cómo has llegado a vivir aquí? – preguntó demostrando sincero interés.

Molly volvió su mirada hacia Hoss sonriéndole con ternura, luego miró a Ben y a Joe. Respiró hondo y enfrentó a Adam nuevamente. Le contó acerca del accidente que había sufrido y su perdida de la memoria. Molly hizo una pausa recordando todo cuanto había vivido en los últimos años.

-         Varios meses más tarde, Ben y yo tuvimos una pequeña conversación. Acordamos que podría ayudar a Hop Sing con los quehaceres domésticos, - dijo ella y sus ojos, llenos de emoción, depositaron su mirada en el rostro de Ben. – Tu padre ganó un ama de llaves y yo gané una familia.

-         Vamos Molly eres mucho más que un ama de llaves, - dijo Joe tomando su mano. – Tú eres parte de esta familia. Hoss y yo te consideramos parte de la familia, ¿no es cierto Hoss? – preguntó mirando rápidamente a su hermano.

-         Por supuesto – respondió Hoss con amplia sonrisa. Guiñó un ojo a Adam y la miró con picardía. – No te preocupes hermanita, ya tengo en mente dos hombres magníficos para ti.

-         ¿ Quiénes son Hoss? – preguntó Joe uniéndose a la broma de su hermano.

-         Uno de ellos puede ser Tom Sanders, - respondió divertido.

-         Por favor, terminen con eso, - chilló Molly sintiendo sus mejillas sonrojarse.

Mientras Hoss y Joe bromeaban a costillas de Molly, Ben observó detenidamente a Adam, quien seguía la conversación en silencio. Advirtió con alivio que su hijo mayor escondía una sonrisa detrás de su taza de café. De alguna manera, Adam parecía estar relajándose. La aspereza de su voz fue reemplazada por sus amables modales. Pero Ben no podía considerarse satisfecho todavía. Sabía que su hijo era un experto escondiendo sus sentimientos y también conocía cada rasgo del rostro de Adam. Había aprendido a leer esos oscuros y agudos ojos y en ese momento Ben solo vio oscuridad y vacío y su rostro se mostraba cerrado a cualquier intento de lectura. Si bien estaba seguro que algo estaba perturbando considerablemente a Adam, era incapaz de ayudar a su adorado hijo. Adam había levantado una gruesa pared alrededor de su corazón y su alma y Ben se preguntaba cuán vieja esa pared era.

 

CINCO

Una vez más Adam era un enigma para su padre. Al pasar las semanas, la preocupación de Ben Cartwright por el comportamiento de Adam aumentaba más y más. Lo seguía con la mirada la mayor parte del tiempo pero no alcanzaba a descubrir qué era lo que tanto lo perturbaba. Adam se esforzaba por mostrar el típico control en sí mismo que siempre lo había caracterizado; era cortes y amable con todos en la casa. Nunca levantaba la voz ni se enojaba, pero la expresión de su rostro cambiaba radicalmente una vez que llevaba a Matt a dormir. En cuestión de segundos, se convertía en una sombra escondiéndose detrás de un libro o de un vaso de bourbon, sin sonreír ni dirigirle la palabra a nadie.  Ben había aprendido a través de los años, que cuando su hijo se mostraba con esa clase de disposición algo estaba profundamente mal en él.

Una noche, luego de dejar a Matt en su cama, Adam volvió al salón principal. Se detuvo unos segundos en la cima de la escalera y desde allí contempló a su familia. Joe y Hoss jugaban una de sus partidas de damas,  y como usualmente sucedía Joe le estaba haciendo trampas a su hermano. Hay cosas que nunca cambiarán, pensó Adam con una sonrisa. Ben estaba sentado en su sillón favorito leyendo el libro que él le había recomendado. En el sofá, justo frente al hogar, Molly cosía. Su presencia en la casa lo perturbaba y Adam estaba haciendo un gran esfuerzo por ser amable y cortes con ella. Cuánto más sencillo sería todo si ella no estuviese aquí, pensó al bajar las escaleras. Era una hermosa y encantadora muchacha y Adam ya había descubierto porqué su familia la quería tanto.

-         ¿ Qué sucede? -  preguntó Molly confundida por el modo en que Adam la miraba. Ben, Hoss y Joe se volvieron y clavaron sus miradas en él. Adam frunció el ceño, sintiéndose de pronto incómodo ante los cuatro pares de ojos que lo contemplaba. - ¿ Porqué me miras de ese modo?

-         No te estaba mirando – fue su seca y distante respuesta. – Sólo pensaba.

Adam se dirigió hacia el escritorio de su padre y buscando evitar la mirada de Molly se sirvió un baso de bourbon.

-         Adam – lo llamó ella con suavidad. Adam elevó su mirada y se encontró con el radiante rostro de Molly, cargado de alegría. Sus profundos ojos verdes brillaban de manera destellante. Le sonrió. – Nunca te agradecí por permitir que cuidara de Matt. – Hizo una pausa  y él asintió al tiempo que le daba un sorbo al bourbon. – Gracias por considerarme parte de tu familia.

Sacudido por las últimas palabras de Molly, el rostro de Adam se ensombreció, volviéndose rígido y serio. No deseaba considerarla parte de su familia, sólo porque de hacerlo ella se convertiría en parte de su vida. No permitiría que eso sucediera. De hecho, deseaba que Molly se marchara de la Ponderosa. No porque no le gustara o tal vez a raíz de ello, Adam la consideraba peligrosa. Se aclaró la garganta y cruzó sus brazos.

-         Bueno, eras la única elección que tenía, eso es todo – dijo con voz dura y arrogante.

Molly se sintió desilusionada al sentir que una vez más Adam la consideraba como si fuera nadie.

-         No importa – respondió tristemente y lentamente se puso de pie. – Es un niño encantador. – Hizo una pausa y lo observó moverse hacia el otro lado del escritorio como si nadie le estuviese hablando. – Es una pena que tenga un padre tan desagradable. - Adam clavó su mirada en ella y sonrió maliciosamente. – Buenas noches Ben, muchachos. – Los saludó y guiñó un ojo a Ben.

Adam se sentó detrás del escritorio y lentamente bebió el bourbon. No estaba contento con lo que acababa de hacer y comprendía que merecía la respuesta que ella le había dado. Era consciente que había lastimado a Molly, pero era mejor de esa forma. Se acomodó en la silla buscando una posición más cómoda, dejando caer su cabeza hacia atrás y cerrando sus ojos. Estaba cansado y necesitaba cerrar su mente por un rato. No podía dejar que el dolor o el miedo tomaran el control.

Ben cerró el libro en cuanto Molly desapareció en el piso superior. Miró a Joe y a Hoss quienes tenían sus miradas cargadas de enojo clavadas en Adam. Ben frunció el ceño y se dijo que no existiría mejor oportunidad para enfrentar a Adam.

-         No había necesidad de responderle así – dijo finalmente Ben con voz áspera y fuerte.

-         Lo sé – fue la corta respuesta de Adam.

-         Adam, regresaste hace más de un mes y todavía no nos has dicho qué te ha estado sucediendo, - siguió diciendo Ben, su voz una mezcla de enojo y preocupación. – Ni siquiera mencionaste que le sucedió a tu esposa.

-         Se llamaba Karen, - respondió tajantemente. Abrió sus ojos elevando una ceja de manera inquisidora, y miró a su padre de mala gana, demostrándole que no tenía intensiones de mantener una conversación sobre ese tema. Cerró sus ojos nuevamente y cruzó sus brazos sobre su pecho.

-         Adam cuando te vi bajar de la diligencia, le agradecía  Dios por haberte devuelto en una sola pieza, - insistió Ben. Su voz preocupada pero serena. – Pero me equivoqué, ¿no es cierto hijo?

Adam le dirigió una rápida y seria mirada a su padre. No tenía deseos de escuchar más. Era demasiado doloroso recordar. Lentamente se puso de pie.

-         Tal vez te hayas equivocado, Papá – respondió mientras se alejaba de ellos. Hoss lo detuvo tomándolo del brazo.

-         ¿Porqué no te quedas y nos dices qué esta sucediendo, hermano? – sugirió Hoss.

Adam soltó su brazo de la mano de su hermano de un tirón y se dirigió hacia la chimenea eludiendo sus miradas tan cargadas de preocupación y confusión. Se apretó el puente de la nariz, preguntándose qué podría decir para satisfacerlos. Pero no la verdad, todavía no estaba listo para ello.

-         Escuchen, estoy bien. No tienen nada de que preocuparse, - dijo Adam simplemente y se volvió para enfrentarlos.  Esbozó una sonrisa tranquilizadora. – Puedo manejarlo.

Ni Ben, ni los muchachos le creyeron.

-         Eres tan arrogante, - le gritó Joe dando unos pasos hacia a Adam y respiró hondo. – Eres una mula testaruda, una cabeza hueca que siempre piensa que todo lo puede manejar. ¿No somos lo suficientemente buenos ante tus arrogantes ojos, hermano mayor? ¿No somos lo suficientemente buenos para ayudarte?

-         Joseph – dijo Ben tratando de calmar a su temperamental hijo.

-         Estoy harto de él, Papá – gritó Joe con enojo. - ¿ Para qué regresó, si es más que evidente que no desea estar aquí con nosotros?

-         Si tienes algo que decir dímelo en la cara, hermanito – replicó Adam y su enojo creció en su voz.

-         ¿ Porqué? – preguntó Joe de modo desafiante. – Ni siquiera estas aquí.

Por un momento ninguno habló. Las palabras de Joe penetraron muy dentro de Adam, pero no dejaría que Joe lo notara. Esbozó una arrogante y despótica sonrisa al tiempo que sus fríos y oscuros ojos se clavaban en los enojados ojos de su hermano menor.

– Bueno hermanito, tal vez hayas acertado una vez.  El hombre que conocías como tu hermano esta muerto.

Sin decir una palabra más, Adam salió de la casa con paso acelerado dejando a su padre y a sus hermanos completamente conmocionados en medio del salón principal.  Ben se dejó caer en el sofá azorado. Su rostro mostraba claramente cuan devastado se sentía. Dejó caer su cabeza en sus manos y elevó una plegaria al Señor. 

– Ayúdame Señor…, ayúdame a traerlo de vuelta, - murmuró - ¿ Qué le pasó a mi hijo?

El silencio de la noche fue abruptamente quebrado por el galope de un caballo que se alejaba de la casa. Ben levantó su cabeza y miró la puerta de entrada. Hoss y Joe lo miraron paralizados por su propia perplejidad.

-         Papá, quieres que lo siga, - se atrevió a decir Joe sintiéndose culpable por su actitud hacia Adam.

Silenciosamente, Ben sacudió su cabeza negativamente. Se puso de pie y caminó hacia la escalera. No deseaba hablar más; no deseaba pensar más. Solo deseaba estar solo en su cuarto y rezar y llorar por su hijo.

Era una noche hermosa para galopar bajo la luz de la luna.  La brisa era lo suficientemente fresca como para enfriar su temperamento y aclarar su mente. Qué esta sucediéndome, se preguntó al tiempo que montaba su caballo. Obligó a Sport a salir al galope y su brioso caballo respondió al instante. Sintiendo el frío viento que golpeaba su rostro y la oscuridad que lo envolvía, Adam dejó que sus sentimientos tomaran las riendas de sus pensamientos. Vamos Karen no me dejes ahora, rogó con amargura. De todos los lugares que había visitado, ninguno le hacía sentir lo que la Ponderosa, tan hermosa y segura. Pensó en la vida que había soñado compartir con su esposa.  Estando solo en el oscuro campo permitió que una lágrima se deslizara por su rostro.  También ese ha sido un sueño truncado, recordó, porque Karen nunca hubiese sido feliz llevando la silenciosa y pacífica vida del campo, rodeada de tanta naturaleza.  Karen deseaba vivir en ciudades como Nueva York, Londres y París; esa era ella, llena de deseos de pertenecer a los selectos grupos que asistían a las fiestas, los teatros u otro evento social. Porqué estoy pensando en eso en este momento, se preguntó perturbado, tratando de organizar sus pensamientos.  Entonces recordó las emociones que cruzaron por su rostro, cuando Karen le informó que estaban esperando un hijo. Adam cumplía 37 años el día que Matt nació y en cuanto tuvo a su hijo en sus brazos supo que el momento de establecer su familia había llegado. Pero en cuestión de horas todo cambió para siempre. ¿ Qué hubiese pasado si Karen no se hubiese embarazado?, se preguntó con tristeza. Pero no tenía el coraje de buscar esa respuesta en su interior. Matt era todo para él; era su vida, su esperanza, la unión con la vida y el único motivo para seguir respirando.

Su mente lo condujo a pensar en Molly.  Adam detuvo a Sport y el caballo molesto por la interrupción, cabeceó y sacudió su cabeza violentamente. Molly lo perturbaba más de lo que él deseaba aceptar. Sus movimientos sensuales, su limpia y clara belleza, su simplicidad, su risa y su voz; todo en ella era motivo de conflicto para él. Adam sacudió su cabeza tratando de no pensar más en ella, pero no lo logró pues sabía que la había lastimado profundamente. Empezaba a arrepentirse de haber sido tan duro con ella.

Sus pensamientos se volcaron hacia su familia y las palabras de Joe hicieron eco en su mente. Nunca lograría entender porque su hermano menor tenía el arte de sacarlo de sus casillas, despertando lo peor de él, pero esta vez Joe había estado en lo cierto.  Estaba muy triste y arrepentido por la cruel respuesta que les había dado, pero ya no era capaz de controlar su bronca y su odio y eso lo asustaba.

Todavía sumergido en sus pensamientos, Adam entró en la casa. Se sorprendió al encontrar a Hoss leyendo junto al fuego. Adam hizo una mueca y lentamente cerró la puerta. Hoss no se molestó en mirarlo, simplemente cambió de posición y cruzó sus piernas pretendiendo demostrar cuán concentrado estaba en su lectura. Como un gato silencioso, Adam se acercó a la chimenea. Una vez ahí, miró a su hermano por el rabillo de sus ojos. El semblante oscuro de Hoss no era algo que Adam estuviese preparado para enfrentar.

-         Hoss… yo… - empezó diciendo pero se detuvo en cuanto Hoss cerró el libro y se puso de pie. – No quise decir…

Esta vez Hoss lo miró. Esos ojos azules, siempre tan cargados de ternura y amabilidad, miraban a Adam con amargura y enojo, y Adam apartó la vista al no poder enfrentarlos.

-         Vamos Hoss, no me mires así. Puedo soportar la mirada enojada de Joe, pero no la tuya…

-         Nunca necesitamos palabras para entendernos Adam, - dijo Hoss con suavidad. – Pero esta vez no tengo idea de qué puede estar sucediéndote. Y como Joe, quiero a mi hermano de vuelta.

Sin decir más, Hoss se alejó de Adam, dirigiéndose hacia la escalera.

-         Hoss, lo siento – dijo Adam con voz baja y cansada.

En cuanto escuchó las palabras de su hermano, Hoss se detuvo momentáneamente en medio de la escalera, pero no miró a Adam. En cambio siguió su camino y desapareció en el piso superior.

A la mañana siguiente, cuando Adam y Matt bajaron a desayunar, la familia completa estaba sentada a la mesa. El niño corrió hacia ellos y trepó a su silla, mientras Adam lo seguía un par de pasos detrás. Adam saludó rápidamente con voz baja y neutra y se ubicó en su sitio. Estaba a punto de servirle el desayuno a su hijo, pero Joe se había encargado de eso. Respiró hondo y frotó sus ojos con una mano.

-         Te ves cansado – comentó Molly al entregarle la cafetera.

-         No dormí bien, - dijo Adam.

-         Debe ser tu conciencia – murmuró Joe y bebió un poco de su café.

Ben y Hoss lo miraron duramente, mientras Adam apretó su puño esforzándose por controlar la furia. Se irguió en su silla y miró a su hermano menor con frialdad.

-         Si buscas algún problema, porque no me lo pides directamente, - dijo y su voz dejó bien claro que estaba llegando al límite de su paciencia. – Va ser todo un placer hermanito.

Los dos se estudiaron mutuamente, hasta que finalmente Joe movió sus ojos hacia el desayuno. Hoss torció su boca preguntándose cuándo Joe aprendería a mantener la boca cerrada. A diferencia de su hermano menor, Hoss no estaba enojado con Adam por no permitirles ayudarlo, Hoss estaba triste, pues lo que vio en los ojos de Adam la noche anterior era algo que nunca había visto en los ojos de su controlado hermano. Sacudió su cabeza al no saber qué hacer o cómo manejar la situación.  Hoss podía contar gran cantidad de veces en las que Adam guardó sus sentimientos, pero nada comparado con la presente situación.

-         Papá, te molestaría si me ocupo del cerco de la parte norte del rancho, - dijo Adam con firmeza. Ben elevó sus ojos y lo miró con desconcierto. – Ayer vi que una parte necesita ser reparada.

-         Ok. Adam, - fue la respuesta de Ben, comprendiendo que su hijo necesitaba estar solo.

-         Gracias, - dijo Adam y se puso de pie. Se inclinó hacia Matt y le dio un beso en la frente. – Luego nos vemos mi amor.

-         Hasta luego Papi.

Adam caminó hacia la puerta principal. Se detuvo un momento para tomar su sombrero, su arma y su abrigo.  Luego salió de la casa.

Molly percibió el tenso clima que se generó y tuvo la sensación que Matt también lo sintió. El niño comía su desayuno en completo silencio y no levanto la vista de su plato. Molly lo contempló y notó lo triste que su mirada se veía. 

-         Hey Matt, ¿ qué te gustaría hacer hoy? – preguntó con dulzura. Matt la miró y la sonrisa le iluminó el aniñado rostro. – ¿ Alguna idea para sugerir?

-         ¿ Podemos ir al lago? – dijo con entusiasmo. – Papi prometió llevarme, pero nunca tiene tiempo.

-         Vamos a almorzar allí entonces, - respondió Molly con amplia sonrisa.

Eso hicieron. Una vez que Molly terminó con sus tareas alrededor de la casa, tomó una de las carretas y con Matt a su lado se dirigieron hacia el lago.  Era un cálido día de otoño. El cielo estaba parcialmente nublado, pero no tanto como para preocuparse.  Durante el trayecto hacia el lago cantaron las canciones que Molly le había enseñado, y conversaron sobre las historias que Molly le había leído.  Matt era un niño rápido e inteligente, quien hacía muchas preguntas y absorbía todo sin necesidad de una segunda explicación.

Luego del almuerzo jugaron cerca de la orilla del lago Tahoe y conversaron mientras juntaban flores para un ramo.  Matt comenzó a bostezar y cada tanto se frotaba los ojos con sus puños.

-         ¿ Quieres que te lea un cuento? – preguntó Molly al alzarlo. El niño asintió y se puso el dedo en la boca. Molly le acarició la cara y le dio un beso en la mejilla. – Vamos bajo ese árbol así podemos descansar.

Molly lo dejó en le piso y se sentó sobre la manta que había desplegado para el almuerzo. Matt se acostó y apoyó su cabeza sobre las piernas de Molly.  Con otra manta, Molly lo cubrió.  Luego abrió el libro y comenzó a leer. Había leído tan solo tres páginas cuando advirtió que Matt estaba profundamente dormido. Cerró el libro y lo miró con ternura. Quería mucho al niño, era sumamente encantador y adorable. Entonces recordó lo que le había dicho Adam la noche anterior. Molly suspiró en cuanto el rostro de Adam llenó su mente.  Cerró sus ojos un momento y se recostó contra el tronco del árbol soñando con él. Molly había notado que Adam nunca le hablaba en forma directa a no ser que fuera estrictamente necesario, de hecho, evitaba estar a solas con ella en la misma habitación. Estaba tan enamorada de él, que muchas veces, le resultaba intolerable estar bajo el mismo techo sintiendo su distancia y frialdad, como así también la atracción que emanaba de su esbelto cuerpo.  Molly sabía que este misterioso y distante hombre ocultaba algo bajo gran cantidad de capas de hielo y sus oscuros y profundos ojos y su tajante lengua, le mostraban que no era un hombre fácil.  Sacudió su cabeza y sonrió al pensar en la pasión que sentía por el arte, la literatura y la música. Finalmente se durmió soñando que estaba en sus brazos.

El viento frió la despertó. No sabía cuánto tiempo había dormido pero el sol había desaparecido en su totalidad y el cielo se había vuelto tormentoso y oscuro. Despertó a Matt y le ordenó que llevara las mantas a la carreta, mientras ella guardaba todo lo demás en la canasta. Tan rápido como pudo lo siguió.  Molly alzó a Matt ubicándolo en el asiento y trepó a la carreta sentándose a su lado. Antes de emprender el regreso a la casa, contempló los brillantes relámpagos que ocasionalmente iluminaban el cielo, acompañado segundos más tarde, por el sonido de los truenos. Molly sabía que empezaría a llover en cualquier momento.

Estaban a mitad de camino, cuando las primeras gotas comenzaron a caer. Al notar que la tormenta los atraparía sin resguardo posible, Molly apuró los caballos. Sin quitar los ojos del camino, Molly tomó una de las mantas y le ordenó a Matt que se cubriera. La lluvia caía como un torrente y no le permitía ver lo suficientemente bien como para aumentar la velocidad.  Inesperadamente, un viento frío comenzó a soplar.

Finalmente vio a Adam parado en medio del porche y al resto de la familia detrás de él.  No podía distinguir el rostro de Adam, pero no era necesario pues Molly podía apostar que debía estar furioso.  Antes que Molly detuviera la carreta, Adam tomó a su hijo en sus brazos. Molly lo observó llevar a Matt dentro de la casa sintiéndose culpable.  Adam no le había dirigido la palabra, ni siquiera le había dirigido una mirada y sintió el peso de su distancia.  Joe la ayudó bajar de la carreta y Molly corrió rápidamente hacia la casa. Encontró a Adam desvistiendo a Matt junto a la chimenea. El niño estaba tosiendo y  temblando de frío.  Con voz fuerte, Adam le pidió que le acercara algunas toallas y mantas, mientras sacudía su cabeza con exasperación e intentaba controlar su enojo. Un minuto más tarde, Molly le entregaba las toallas y dejó las mantas sobre el sofá.

-         Gracias – dijo con enojo. – Cámbiate de ropa, te vas a enfermar.

-         Adam… yo

-         Luego, – fue la tajante y seca respuesta. – Este no es ni el lugar ni el momento de discutirlo.

Ajeno a cuanto sucedía a su alrededor, Matt estaba sumamente divertido por la aventura. Miró a su abuelo y comenzó a contarle lo grandioso que fue cuando empezó a llover.

-         Parecía que la carreta se iba a romper en cualquier momento, - dijo con excitación. 

Adam se volvió hacia el hogar y colocó la ropa húmeda cerca del fuego. Sintiéndose libre de los brazos de su padre, Matt corrió hacia su abuelo.

-         Matthew ven aquí. – gritó Adam. Matt se paralizó de miedo; se volvió hacia su padre y comenzó a llorar. Adam cerró sus ojos un segundo, esforzándose por controlarse. No podía permitir que su enojo tomara el control en ese momento. Miró nuevamente a Matt, quien lloraba en brazos de Hoss. – Te daré un baño caliente o te enfermarás.

Adam tomó una manta y cubrió a su hijo con ella. Luego lo llevó al piso superior.

Ben y Hoss sacudieron sus cabezas. Mientras Ben regresaba a su escritorio, Hoss fue hacia la cocina en busca de una taza de café. Volvió al salón principal junto a Molly, reconfortándola con uno de sus grandes brazos alrededor del delgado cuerpo. La condujo hacia el sofá donde ambos se sentaron. Desde su escritorio, Ben la miró con tristeza. Molly se había cambiado el vestido, pero su cabello estaba todavía húmedo.  Sus ojos se veían tristes y lentamente las lágrimas comenzaron a correr a través de sus mejillas. Ben se unió a ellos y arrodillándose frente a ella, tomó sus manos entre las suyas.

-         Vamos Molly, no te pongas así, - dijo Ben con amabilidad. – Matt va a estar bien. Ya veras como mañana esta perfecto.

-         ¿ No vieron la cara con que me miró Adam? – preguntó Molly. – Nunca más va a confiar en mi, pero Ben no fue mi culpa… la tormenta apareció de repente, - agregó. Su voz se quebró y con la cara llena de silenciosas lágrimas se volvió hacia Ben.

-         No fue tu culpa, - respondió Ben. Se puso de pie y miró a Hoss. Ambos comprendieron que lo único que le preocupaba era la reacción de Adam.

Una hora más tarde, Adam bajó la escalera.  Se veía tenso y cansado. Su rostro era una máscara de tensión y espanto. Silenciosamente se dirigió hacia el sillón azul, donde se sentó.  Hoss y Joe estaban terminando una partida de damas y le preguntaron si deseaba jugar. Adam se frotó los ojos con una mano y sacudió la otra a sus hermanos en ademán negativo. Ben se acercó a él y le ofreció una taza de café, preguntándole cómo se encontraba Matt. Adam se sentó y le agradeció a su padre el café.

-         Esta durmiendo en mi cama ahora, - dijo con voz tensa y llena de angustia. Le dio un sorbo al café. – Esta tosiendo mucho, se va a enfermar.

-         Por favor Adam – dijo Ben con calma y puso una mano sobre el hombro de Adam. – Ya veras cómo luego de dormir en una cama caliente va a estar en buen estado mañana.

Adam no respondió. Simplemente se recostó sobre el respaldo del sillón y cerró sus ojos. Tenía un terrible dolor de cabeza a causa de la tensión y la sola idea de que Matt enfermase lo empeoraba. La pesadilla que había soñado por años parecía estar convirtiéndose en realidad. Imágenes del pasado llegaban a su mente y el temor crecía, sintiendo que el pasado lo acorralaba.

La voz de Molly lo trajo a la realidad. Adam abrió sus ojos y la contempló con enojo e indignación. Estaba parada frente a él con rostro lleno de vergüenza. Pero a él no le importó. Se puso de pie enfrentándola y clavó su dura mirada en ella. Molly retrocedió frente a su desdeñosa mirada y bajó la vista.

-         ¿ Cómo esta Matt? – preguntó con voz suave y temblorosa. Adam no respondió y ella comprendió que esperaba una explicación a lo sucedido. – No sé que decir…, estoy tan apenada… la tormenta apareció repentinamente.

-          Nunca más sacas a mi hijo fuera de la casa sin mi autorización, ¿ me escuchaste? – gruñó Adam y su voz fue más dura y cortante que nunca. Joe estuvo a punto de acercarse para socorrer a Molly, pero Adam lo detuvo con la mirada. – Vamos a tener una conversación más tarde, estoy demasiado enojado para hacerlo ahora.

Dando por terminada la conversación Adam se sentó nuevamente y recostándose contra el respaldo, cerró sus ojos. De modo que Molly giró y rápidamente se dirigió hacia la cocina.

-         Cartwrights a cenar – gritó Hop Sing despertando a Adam.

Adam abrió sus ojos. Tenía un nudo en la garganta. Había estado soñando sobre algo o alguien pero no lograba recordar. Sólo sentía una terrible amargura en su alma. Fue hacia la mesa y se sentó. Puso un codo sobre la mesa y dejó caer su cara en una mano por algunos segundos. Abruptamente se irguió y comenzó a llenar su plato con comida. No tenía hambre, de modo que un par de minutos más tarde, comenzó a jugar con su comida como un niño de seis años.  Ben, Hoss y Joe seguían cada uno de sus movimientos, dirigiéndole punzantes miradas. Adam lo notaba pero no tenía deseos de discutir en ese momento.

-         Bueno Adam, cuando juegas con la comida de ese modo significa que estas decidiendo hablar sobre lo que te molesta o preocupa, - se atrevió a decir Ben quebrando el tenso clima que los envolvía. Adam esbozó una triste sonrisa y sacudió su cabeza.

-         No esta vez Papá, - replicó tajantemente. – Y por favor dejen de mirarme de ese modo.

-         ¿ Cómo puedes pretender que hemos de tolerar tu actitud? – replicó Ben con exasperación. – Mírate, eres tan desagradable como un hombre puede ser. Ni siquiera te reconozco. Me estoy cansando Adam.

-         Hay cosas que un hombre debe enfrentar solo – dijo con enojo mientras dejaba su servilleta sobre la mesa y se ponía de pie. – Escúchenme bien, estoy cansado de sentir sus miradas sobre mi espalda o escuchar sus murmullos, - siguió diciendo y su voz comenzó a subir de tono. – Lo que tengo que enfrentar, tengo que hacerlo solo. – Hizo una pausa y puso ambas manos en su cintura y los enfrentó con mirada desafiante. - De modo que, muchas gracias por su preocupación, pero no es necesario preocuparse por nada, – terminó diciendo con sarcasmo. – Voy a establo ahora, y luego pasaré la noche con Matt por si algo llega a suceder.

-         Por favor, nada va a suceder – dijo Molly cansada de escucharlo.

-         Tu cállate la boca, - le gritó Adam al golpear sus puños contra la mesa descargando toda su furia.

El rostro de Adam se oscureció por el enojo y miró furiosamente a su padre y hermanos, quienes los miraban sorprendidos por la frialdad de su voz. Pero Molly no podía soportar más.

-         No tienes derecho a gritarme de ese modo, - dijo Molly con indignación. Adam volvió sus furiosos y fríos ojos hacia ella. Su ceñudo rostro se veía amenazador. Estaba a punto de decir algo pero Molly no se lo permitió. – Quién te crees que eres para darnos indicaciones como si fueras nuestro gran señor, - siguió diciendo de manera desafiante. Adam sacudió su cabeza con exasperación, giró y se dirigió hacia la puerta. Salió de la casa.  Molly saltó de su silla y corrió tras él. Lo encontró en medio del porche y tomándolo del brazo lo obligó a voltearse a mirarla. – Te estaba hablando a ti hombre educado. Creo que todo el mundo te respeta demasiado Adam Cartwright, pero no estoy dispuesta a tolerar tus gritos llenos de sarcasmo o tus arrogantes respuestas, - gritó Molly parpadeando para contener las lágrimas. Sus propias palabras la sacudieron, siendo demasiado dolorosas hasta para ella. Dios, como lo amo, pensó. – Estoy harta de ti.

-         También yo estoy harto de ti, - dijo Adam y le sonrió maliciosamente.

-         Me tiene muy sin cuidado lo que tu pienses, ese es tu problema no el mío y no dejaré esta familia por ti. -  Estaba muy enojada y no le permitiría ganar la batalla. De modo que sonrió victoriosamente. – Va a tener que aprender a vivir conmigo alrededor, señor Cartwright.

-         Sal de mi vida, Molly sin apellido – gritó Adam con voz más elevada que antes. No podía controlar más su furia. Un destello de hostilidad cruzó por sus ojos al mirar directo a los de ella. - ¿ Porqué no tratas de saber quién eres en lugar de entrometerte en mi vida?.

Molly sintió las filosas palabras clavarse en medio de su corazón y estuvo a punto de darle una bofetada, pero Adam se lo impidió tomándola por ambos brazos. Se contemplaron con enojo. Ella se esforzaba por contener las lágrimas como así también por apaciguar las sensaciones que su cercanía producía en ella.  Adam en cambio, sintió la intensidad de su mirada y llevado por un impulso, la rodeó con sus brazos impidiéndole separarse. La besó fuerte y apasionadamente. Sacudido por su propia reacción, Adam se alejó de ella mientras limpiaba la sensación del beso de sus labios.

Molly estaba demasiado sobresaltada para hablar. Permaneció parada tratando de entender lo que él había hecho.

-         ¿ Porqué hiciste eso? – preguntó confundida.

-         Fue la única manera que encontré para callarte, - respondió desagradablemente. Se volvió hacia ella.

Molly se sintió tan humillada y tan minimizada que fue demasiado para ella. Llevada por un exabrupto, le dio una fuerte y sonora cachetada. Adam la miró sorprendió y por unos segundos fueron rodeados por el más absoluto de los silencios. Hasta que Molly reaccionó y corrió hacia la casa sin siquiera darse cuenta que Ben, Joe y Hoss estaban parados en el umbral de la puerta y habían presenciado toda la escena.

-         ¿ Porqué me esta pasando esto? Es una pesadilla, - dijo Adam, como si estuviera solo en el porche, negándose a creer lo que acababa de suceder. – El enemigo me la envió a esta casa.

Luego de estas palabras cruzó el jardín con paso acelerado, casi corriendo y se sumergió en la oscuridad del establo.

Ben había tratado de detenerlos antes que Adam al besara, pero ni Adam ni Molly lo escucharon. Su asombro creció cuando vio la terrible bofetada que Molly le propinó a Adam. Ben comprendía que estaban entablando su propia batalla y ambos deseaban llevarla hasta sus últimas consecuencias.

Ben dejó caer su rostro en sus manos; nada justificaba lo sucedido.  Si hubiera sido Joe quien perdiera los estribos, lo enfrentaría de manera diferente, pero Adam nunca perdía la compostura, mucho menos frente a una dama.  Adam estaba completamente fuera de sí.  Ben advirtió que había demorado demasiado tiempo la conversación que debía mantener con el mayor de sus hijos.  No sabía cómo pero esta vez lo forzaría ha hablar y no le importaba cuán doloroso podía ser.

-         Iré a hablar con él, - dijo a sus hijos menores. Los muchachos estaban mudos, profundamente conmocionados por lo que habían presenciado. Miraron a su padre sin saber qué esperaba de ellos.  – Esto llegó demasiado lejos y no voy a permitir que se destruya de esta manera, - terminó diciendo con voz triste y cansada. Antes de dirigirse al establo, se volvió nuevamente a sus hijos. – Quédense cerca. Los llamaré.

Adam ingresó al establo y fue directo hacia Sport.  No podía soportar el nudo que tenía en la garganta como tampoco el dolor de sus ojos.  Tenía muchos deseos de llorar, pero no sabía porque.  Elevó una plegaria, rogando que su hijo no enfermara; estaba demasiado asustado para enfrentar eso.  También se sentía terriblemente cansado. Durante las últimas noches prácticamente no había podido dormir a causa de una aterradora pesadilla que lo acosaba.  Sacudió su cabeza y escondió su rostro tras sus manos.  Todo su mundo se había desmoronado en menos de cuatro años y no lograba hacerse a la idea que todo había cambiado.  Termina con esto Adam, se dijo, no puedes seguir viviendo así.

Ben encendió una lámpara y divisó a su hijo recostado sobre su caballo. Su rostro oculto entre sus brazos y Sport. En cuanto Ben lo vio todo el enojo que sentía se convirtió en preocupación y el corazón casi se le rompe por su hijo. Caminó hacia él y suavemente presionó el hombro de Adam con su mano.  Adam elevó su cabeza y miró directo a los serenos y sabios ojos pardos de su padre.  Varias emociones se matizaron en el rostro de Adam; bronca, confusión y algo más que Ben no alcanzó a identificar.  Era algo nuevo, algo que Ben nunca había visto en los ojos de Adam.

-         Debo ir con Matt, - dijo intentando escapar a la mirada de su padre.

-         No, - repuso Ben mostrándole toda su autoridad. – Ahora vamos a hablar. – Adam estuvo a punto de quejarse, pero Ben ya  se encontraba junto a la puerta llamando a Joe y a Hoss.   Luego volvió junto a Adam. – Ambos sabemos que tu necesitas mucha más atención que Matt. Molly cuidará de él mientras conversamos.

-         No la quiero cerca de mi hijo, - gritó Adam fuera de sí. – No me hagas esto Papá.

Ben entrecerró sus ojos y hurgó en los desorbitados ojos de Adam.   Entonces notó lo que antes no había podido. Terror, pensó, Adam esta mortalmente aterrado. Pero porqué, se preguntó mientras Joe y Hoss aparecían a su lado.

Adam parecía haber perdido la cabeza. Caminaba alrededor del establo, con paso acelerado diciendo que su propia familia lo acosaba, lo interrogaba, hurgando en sus pensamientos en busca de respuestas. Ben dio un paso hacia él y serenamente le hizo entender que no le permitiría dejar el establo hasta no explicarles qué le estaba sucediendo. Adam elevó la vista y esbozó una triste sonrisa mientras sacudía su cabeza con incredulidad.

-         ¿ Porqué le gritaste a Molly de ese modo?, y  ¿ porqué te dio una bofetada? ¿ Porqué no quieres que se acerque a Matt? – Ben hizo todas las preguntas directamente con voz fuerte y poderosa. – Por otra parte Adam, si no la amas no juegues con ella. – Al escuchar las palabras de su padre, Adam lo miró con rabia y lentamente su ceja derecha comenzó a elevarse. – No me mires así muchacho, todavía soy tu padre.

-         Mira, en realidad no tengo nada contra ella – respondió finalmente. A través de su voz podía notarse lo exhausto y angustiado que se sentía.  Sus ojos se veían enrojecidos e irritados por las lágrimas que se esforzaba por ocultar. – Simplemente no quiero que se encariñe con ella, no quiero una nueva madre para Matt.

-         Pero hijo, eres joven. Puedes volver a enamorarte, - agregó Ben con alivio al creer que ese era todo el problema.  Pero un momento más tarde, descubrió cuan equivocado estaba y que  la situación lejos estaba de ser cómo él creía.

-         ¿Para qué Papá?, ¿ Para que mueran?. – Las palabras de Adam golpearon fuerte a cada uno de los Cartwrights. Ben, Joe y Hoss intercambiaron miradas. Pero Adam no se percató, estaba demasiado abstraído en su propio dolor.   - No dejaré que la historia se repita nuevamente.  – La voz de Adam se quebró al sentir que el nudo de su garganta crecía a punto tal que creyó que podría estrangularlo. – No quiero que las vea morir por casarse conmigo. – Su voz volvió a quebrarse y esta vez Adam no pudo contener las lágrimas de modo que escondió su rostro tras Sport. – Matt nació en Boston el día de mi cumpleaños y yo estaba aterrado por que Karen muriera el mismo día que mi propia madre murió. – Adam hizo una pausa y rió desquiciadamente. – Y así sucedió. Dos horas después que Matt naciera. – Hizo una nueva pausa y todos escucharon la hueca risa convertirse en angustioso y desgarrador llanto. Por unos momentos lo único que se escuchó alrededor del establo fue el llanto desolador de Adam. De pronto y como si no pudiera ya detenerse, Adam siguió hablando. – Ahora Matt esta enfermo… del mismo modo que me sucedió a mí… y una mujer cuida de mi hijo. – Abruptamente comenzó a ensillar a Sport. Necesitaba alejarse de allí.

-         Espera Adam – dijo Ben conmocionado. Ni siquiera en sus peores temores hubiese imaginado que algo así podría estar sucediéndole. Adam se  irguió enfrentando a su padre y Ben se aterró al ver los ojos de su hijo, encendidos como bolas de fuego por el dolor y la rabia.  La mandíbula le temblaba y por su acerado y pálido rostro corrían lágrimas que ya no se molestaba en contener.

-         ¿ No fue así Papá?. ¿No fue ese el modo en que conociste a Inger?. – La voz de Adam comenzó a elevarse, dejando que el miedo y la desesperación fluyeran. – Contéstame, - demandó con desquicio y su voz hizo eco en el establo.  Se volvió hacia el fondo del establo y golpeó con violencia su puño contra la pared. – No puedo más, … me estoy volviendo loco… ni siquiera puedo dormir de noche…. Regresé porque creí que no había lugar más seguro que nuestra Ponderosa, incluso fui hasta Nueva Orleans evitando los caminos que tomamos para llegar a estas tierras. – Hizo una pausa y clavó la mirada en el suelo. - Entonces encontré a Molly, hubiese preferido que se casara con cualquiera de ustedes, - murmuró. –  Por favor manténgala lejos de mi hijo.

Ocultó su rostro entre sus manos y comenzó a llorar con angustia y desesperación. Joe y Hoss lo contemplaban sin poder emitir palabra mientras las lágrimas corrían sin control por sus mejillas. Ninguno de ellos recordaba haber visto a Adam llorando de esa manera, pero el intocable Adam, el estricto e inquebrantable hermano mayor estaba completamente quebrado. Los tres fueron testigos de cómo la pared que Adam había levantado alrededor de su corazón y su alma se desmoronaba lenta y dolorosamente. Joe fue el primero en reaccionar y deprisa se acercó a su hermano.  Lo abrazó y automáticamente Adam escondió su rostro contra el hombro de Joe y lloró como nunca antes lo había hecho. Joe estaba inmerso en su aflicción por su hermano y pudo sentir cuán profunda era la tristeza que Adam albergaba en su alma.

-         No te hagas esto Adam, por favor hermano, - rogó Joe también entre sollozos y sintió los fuertes brazos de Hoss rodeándolos a ambos.

-         Vamos Adam, tu sabes que no es cierto… tu tienes tu propia vida. – La voz de Hoss era un amargo y compungido murmullo.

Hoss y Joe miraron a su padre. Paralizado, Ben Cartwright parecía diez años más viejo.   Estaba completamente shockeado por las palabras de su primogénito y fue obligado a enfrentar su propio pasado.  La muerte de Elizabeth; Adam enfermándose; Inger; el nacimiento del pequeño Hoss; la emboscada; Inger tendida en el suelo y Adam prometiéndole a su hermano que siempre cuidaría de él; la construcción de La Ponderosa; Marie y la resistencia de Adam a quererla; el nacimiento de Joe y varios años más tarde la muerte de Marie.  Adam cuidando de Hoss y Joe, y también del  rancho. Siempre sereno, sin perder la calma. Siempre cuidando de todo en pos de mantener su familia unida y segura. Cómo pude no darme cuenta, se reprochó Ben, ahora lo entiendo. Su alma se llenó de culpa comprendiendo que al ser su primogénito, lo había cargado de responsabilidades, tal vez demasiadas para sus jóvenes hombros.  Adam era un experto ocultando sus más profundos sentimientos, siempre usando su hermetismo y arrogancia para mantener a todos a buena distancia.  Ben levantó la vista y lo contempló.  Sabía que había alcanzado la puerta del alma de Adam, la cual se mantuvo cerrada por mucho tiempo y luchaba desesperadamente contra sus propios fantasmas.

Abrazado a sus dos hermanos, Adam poco a poco se tranquilizó. Elevó su rostro y se encontró con las caras de Joe y Hoss cubiertas de lágrimas. Detrás de ellos vio a su padre, quien parecía ser más viejo que nunca. Su mirada parecía devastada y llena de culpa. Adam no soportó ser el causante del estado de su padre.  Presionó con sus manos los hombros de sus hermanos como gesto de agradecimiento, dedicándoles una triste sonrisa.

-         Bueno finalmente lo consiguieron. Han estado intentando adivinarlo por meses,  - dijo tajantemente. – Ahora lo saben.

-         Adam… - Ben logró quebrar su propio silencio, pero su voz fue un débil murmullo.  Con suavidad acarició el rostro de su hijo y lo contempló. Sacudió su cabeza y bajó la vista. - ¿ Porqué no confiaste en  mi lo suficiente como para compartir tus sentimientos?

-         Hoss era un bebé, nos necesitaba a ambos.   Luego debimos levantar el rancho. Cuando Marie murió, Joe era un pequeño niño y mucho más difícil de manejar que Hoss. – Adam hizo una pausa y fugazmente sonrió de modo burlón a su hermano menor. – Tu estabas destrozado, atravesando un dolor infinito. Después de eso, simplemente no hubo tiempo.

-         Adam… - empezó diciendo Ben, pero se detuvo.  Puso sus manos sobre los hombros de su hijo y lo atrajo con fuerza contra su cuerpo. Necesitaba sentir a Adam entre sus brazos. – Muchacho, te quiero… - murmuró al oído de su hijo acariciando su nuca y sintió los brazos de  Adam rodeándolo, pero todavía no se relajaba. 

Por primera vez en su vida, Ben no supo que decir.  Su hijo era un adulto y parecía que lo era desde los seis años de edad. Miró a Hoss y a Joe y  comprendió que Adam deseaba una despreocupada y feliz infancia para su hijo.  Pero había más.

-         Estoy bien, ok. Ninguno tiene que decir nada. Fue duro y difícil para todos, - finalmente dijo Adam con voz tajante y modo despótico.  Se separó de su padre. – Tengo que volver con Matt ahora.

Adam respiró hondo y simplemente salió del establo, detrás dejó a su padre y sus hermanos tristes y confundidos.  Todos sabían que, de alguna manera, Adam había sacrificado su infancia y ese era justamente el motivo por el cual, Adam era tan importante para todos ellos. Pero ninguno de ellos era culpable de lo sucedido.

-         Tenemos que ayudarlo a que se saque esas ideas de su cabeza, - dijo Hoss frotándose los enrojecidos ojos. – Pero ¿ cómo lo haremos Papá?

-         Tiene que enfrentar el pasado. Una vez que llegue a buenos términos con él, estará en paz consigo mismo, - Ben respondió tristemente.

-         Creo que compartirlo con  nosotros lo ha ayudado, - dijo Joe con preocupación. – Pero Adam nunca cuenta absolutamente todo.

-         Lo sé hijo, - respondió Ben pensativamente. – Creo que se enamoró de Molly y es por eso que está aterrado.  – Ben hizo una pausa. – Lo empujamos a enfrentar su pasado, veamos cómo está mañana.

-         Ya lo conoces Papá, para Adam ahora es el momento de pensar y meditar sobre todo lo que dijo, - agregó Hoss pensativamente.  – Espero que esté con nosotros en un par de días.

- Tal vez Hoss. – Luego de decir esto, Ben salió del establo.

 

SEIS

Fue un desayuno silencioso. Molly los observaba imaginando qué podría haber sucedido entre los Cartwrights en la reunión que mantuvieron en el establo.  Ben y Hoss comían lentamente, sin levantar la vista de sus respectivos desayunos, mientras que Joe ni siquiera había tocado el suyo y parecía estar más preocupado que su padre y que Hoss.  Molly pensó en la noche anterior cuando Adam apareció en el cuarto de Matt. Parecía distante.  Su rostro estaba pálido y sus ojos enrojecidos y vacíos.  Tampoco pareció advertir que ella estaba sentada frente a él.

Pisadas provenientes del piso superior captaron la atención de todos. Joe y Hoss clavaron la mirada en la cima de la escalera esperando encontrar a Adam, pero en cambio vieron a Matt, quien frotándose sus ojos se disponía a bajar.  Cuidadosamente, Matt colocó su mano sobre la baranda  de la escalera y comenzó el descenso.  Ben sonrió al advertir que era la primera vez que su nieto bajaba a desayunar por sus propios medios. Se puso de pie y caminó hacia Matt sintiendo cuan agradable era tenerlo en el rancho.  Matt corrió hacia Ben y dejó que su abuelo lo alzara.

-         Hola abuelo, - saludó con amplia sonrisa.

-         Buenos días Matt, - respondió Ben y besó la mejilla de su nieto. - ¿ Cómo te sientes esta mañana?.

-         Bien pero tengo mucho hambre, - dijo con sonrisa traviesa. Luego de saludar a sus tíos y a Molly, Matt miró a Hoss con picardía. - ¿ Me has dejado algo tío Hoss?.

Joe, Ben y Molly rieron, Hoss en cambio no encontró el comentario divertido. Frunció el ceño y torció su boca.

-         No cabe duda que eres hijo de Adam, - respondió Hoss pretendiendo estar enojado.

-         Estoy bromeando, - dijo y le dedicó a su tío una mirada inteligente, luego rió divertido y sonrió con orgullo a su abuelo.  Ben le guiñó un ojo con complicidad. Molly se apuró a servirle el desayuno y Matt lo devoró sin interrupción.

-         Parece que tenías mucho  hambre, - dijo Joe divertido. Matt asintió y miró a su tío Joe mientras bebía su leche.

Bueno, ayer se salteó la cena, pensó Ben al observar a Matt devorar su desayuno.

-         Molly, podemos volver al lago, - preguntó Matt entusiasmadamente entre cucharadas de cereal. – Lo de ayer fue grandioso, - agregó y rompió a reír divertido.

-         No creo que tu padre este de acuerdo,  mi amor – respondió ella dirigiéndole una rápida mirada a Ben.

-         Pero y si no le decimos, - sugirió Matt traviesamente. Ben se puso serio y miró a su nieto con ceño fruncido.  Matt advirtió que no había sido muy inteligente hacer ese comentario frente a su abuelo. – Estaba bromeando de nuevo abuelo, - agregó con mirada inteligente y una de sus cejas comenzó a elevarse.

-         ¿ Qué te ha dicho tu padre sobre ese gesto? – dijo Ben con seriedad. Matt asintió y volvió sus   ojos hacia su desayuno.   - ¿ Dónde está tu padre?

-         Papi esta durmiendo en mi cama,  - respondió Matt todavía preguntándose cómo convencería a Molly de llevarlo al lago.

Ben bebió su café con expresión pensativa. Molly intuía que Ben deseaba estar a solas con sus hijos, de modo que preguntó a Matt si había terminado de desayunar. El niño asintió y la miró expectante. Molly se puso de pie y estiró su mano a Matt.

-         Ven conmigo al establo, podrás ayudarme a cepillar los caballos

Ben la siguió con la mirada y mentalmente agradeció la intervención de Molly.

-         No lo soporto más,  - dijo Joe arrojando su servilleta contra la mesa. - ¿ Cómo pueden estar tan tranquilos?

-         No lo estamos hermanito, - replicó Hoss con seriedad. – Puedes apostar que no lo estamos

-         Bueno, pues no voy a quedarme aquí sentado de brazos cruzados sin intentarlo, - dijo sin ocultar su sufrimiento. Ben lo miró preguntándole qué tenía en mente. – Todavía no lo sé, pero fueron muchas las veces que lloré luego de la muerte de mamá, buscando alguna explicación a lo sucedido. Adam siempre estuvo a mi lado cuando lo necesité, abrazándome y reconfortándome. Siempre estuvo a mi lado cuando estuve en problemas. – Joe hizo una pausa y sus ojos se llenaron de recuerdos al frotarse la mandíbula pensativamente. Sirvió una taza de café y se puso de pie. – A Adam siempre le gustó tomar el café en la cama. Ese va a ser un buen comienzo. Sé que me va a escuchar.

Joe golpeó la puerta del cuarto de Matt y aguardó la respuesta de su hermano.  Como nadie respondió, abrió la puerta y espió dentro. Encontró a Adam profundamente dormido.  Silenciosamente, Joe ingresó al cuarto y se dirigió hacia la silla ubicada junto a la cama.  Dejó la taza en la mesa de noche y contempló a su hermano mientras pensaba qué podría decir. Tan solo unos minutos más tarde, Adam parpadeó varias veces hasta que finalmente despertó.  Bajó la vista buscando a Matt y se sentó alarmado al no encontrarlo a su lado.

-         Esta desayunando abajo, - dijo Joe con voz baja.

Adam frunció el ceño y miró a su hermano sorprendido de encontrarlo allí. Sus ojos se clavaron en los de Joe en silenciosa comunicación. Adam apoyó la cabeza contra la almohada y sonrió al leer lo mucho que esos ojos verdes podían decir. Joe tomó la taza de café y se la entregó a su hermano.

-         Gracias, - dijo Adam y miró a Joe reaciamente. - ¿ Entonces?

-         Entonces, tengo un problema y necesito el consejo de mi hermano mayor, - respondió mordiéndose el labio inferior  como si fuese un niño.

Adam dio un sorbo a su café y contempló detenidamente a su hermano y en los profundos ojos verdes de Joe vio que rogaba por él.

        Por favor Joe, - dijo tratando de evitar la mirada de su hermano.

        Esta bien Adam, le pediré a Hoss que me ayude, - dijo Joe y se puso de pie.

Adam vio la desolación en los ojos de su hermano menor y sacudió su cabeza con resignación sabiendo que no podía resistirse a esa mirada. Lo miró caminar hacia la puerta del cuarto y abrirla dispuesto a marcharse.

        Espera Joe, - dijo finalmente Adam con  renuencia. – Ha pasado demasiado tiempo desde nuestra última conversación, ¿ no crees?.

Rápidamente sabiendo que no debía darle a Adam la oportunidad de arrepentirse, Joe regresó junto a Adam y arrastró la silla acercándose a la cama. Respiró hondo sin saber todavía cómo comenzar.  Tomó una decisión y le contó a Adam que un amigo estaba terriblemente preocupado por su hermano mayor.  Su madre había muerto cuando él era un pequeño niño y su hermano mayor siempre lo cuidó.

        Joe, por favor. – Adam trató de detenerlo en cuanto comprendió hacia donde se dirigía su hermano.

Pero Joe levantando una mano no se lo permitió y continuó hablando. Adam dejó la cama y caminó hacia la ventana dándole la espalda.

        La verdad es que su hermano le enseñó todo cuanto sabe; cómo disparar, cómo montar y cabalgar y mucho más. También lo reconfortó hasta que pudo asimilar lo sucedido a su madre. – Joe hizo una pausa y parpadeó esforzándose por contener las lágrimas. Luego elevó la vista y se encontró con los ojos de Adam. – Ahora su hermano mayor esta en problemas y mi amigo cree que es su turno de ayudarlo, pero él no se lo permite. ¿ Porqué?, ¿ Porqué Adam?. – Una lágrima cruzó el rostro de Joe y Adam no lo soportó.  Caminó hacia él y pasó un brazo sobre los delgados hombros de su hermano.  Joe buscó los ojos de Adam. – Siempre me ayudaste, Adam, por el amor de Dios, dime qué debo hacer para ayudarte ahora.

        Ya lo has hecho Joe.

        No puedes creer que sea cierto lo que dijiste ayer, - dijo al separarse de su hermano. Adam se sentó en el borde de la cama mirándolo de frente.

        Lo sé, - fue su simple respuesta. – Pero todo lo que sé es que estoy aterrado que suceda. – Adam frotó su cara con ambas manos. Luego sonrió a Joe con esperanzadora sonrisa y palmeó el hombro de su hermano afectuosamente. – No te preocupes.

        Deja de decir eso, - explotó Joe interrumpiéndolo. Se puso de pie de un salto. - ¿ Cómo puedes pensar que no debo preocuparme?. Por supuesto que lo estoy. Extraño a mi arrogante hermano a quien le quiero romperle la cara cada vez que me mira con gesto de sabelotodo. – Adam sonrió pedantemente. – También extraño esa sonrisa.

        Joe…

        Vamos Adam, todos necesitamos que vuelvas, - agregó con ternura. – Papá te necesita y Matt necesita a su padre, pero debes desechar esas ideas de tu mente.

Adam lo miro pensativamente, sintiendo cuan preocupado su hermano estaba. Pero según los ojos de Joe, Adam podía apostar que tenía más preguntas para hacerle.

-         Te enamoraste de Molly. – Era una afirmación más que una pregunta y Adam lo sabía. Lo miró arqueando una de sus cejas. – ¿Eso es lo te perturba por Karen o te aterra enamorarte otra vez?. – Las palabras de Joe fueron tan directas que Adam no supo como responder. – Dime Adam, sé que necesitas hablar de ello.

-         No lo sé Joe. Verdaderamente no lo sé, - murmuró al tiempo que jugaba nerviosamente con sus dedos. – Y no sé si quiero descubrir las respuestas a esas preguntas.

Joe se acercó a su hermano y luego de poner una mano sobre su hombro le sonrió cálidamente.

-         Tómalo con calma, Adam. No tienes que tomar ninguna decisión en este momento, - dijo con sabiduría. – Tienes un hijo maravilloso, relájate y disfruta su niñez. – Hizo una pausa y miró a su hermano directo a los ojos. Adam sintió la calidez de la voz de Joe y le sonrió agradecido. – Pero por favor hermano, no te atrevas a pensar que la historia se repite. Es estúpido y tú lo sabes.

-          No es tan sencillo Joe.

-         Sabes Adam, - agregó Joe con tono divertido, al tiempo que frotaba sus manos. - Hoss y yo hemos esperado siempre la ocasión de demostrarte que no siempre tienes razón en lo que dices y esta vez nos estas dando una grandiosa oportunidad.

Adam rió divertido y abrazó a su hermano sintiendo que la tensión disminuía en sus hombros.

-         Gracias Joe, - dijo palmeando con suavidad el rostro de su hermano menor. – Creciste muy rápido, ¿sabes?.  – agregó con ternura. – Estaré bien, ya lo veras.

-         Esta bien, te creo esta  vez, - respondió con ojos llenos de emoción. – Vamos abajo así desayunas.

Ambos bajaron al salón principal conversando. Encontraron a Molly limpiando la mesa del desayuno. Joe recorrió el salón con la vista y le preguntó por el resto de la familia. Molly levantó la vista y la sonrisa desapareció de su rostro en cuanto vio a Adam parado detrás de Joe.

-         Afuera, - fue su rápida respuesta y se dirigió al pasillo que conducía a la cocina. Joe miró a Adam sobre su hombro y lo encontró mirando hacia el comedor con expresión pensativa. 

-         Iré con ellos, - murmuró Joe y sin esperar respuesta salió de la a casa.

Adam se acercó al comedor pensando en Molly.  Se sirvió una taza de café preguntándose cómo debía enfrentarla.  Molly regresó al comedor un par de minutos más tarde. Se detuvo en cuanto lo vio parado junto a la mesa. Él se volvió y la miró, luego dejó la taza sobre la mesa.

-         Volveré cuando termines aquí, - dijo y estaba a punto de regresar a la cocina, cuando Adam la detuvo.

-         Creo que te debo una explicación, - dijo Adam suavemente y se movió cerca de ella. Molly lo miró con seriedad sobre su hombro.

-         No me debes nada, Adam – respondió. Adam notó su confusión como así también la magnitud de la herida que había provocado en ella. – Discúlpame pero tengo muchas cosas que hacer.

Adam la tomó del brazo, impidiéndole marcharse. Advirtió que cerrando sus ojos y al contraer sus labios con fuerza, Molly se forzaba por ocultar sus sentimientos.

-         Por favor Molly, – dijo con tono suplicante.

Lentamente ella se volvió hacia él enfrentándolo. Una tierna y reconfortante sonrisa habitaba en los labios de Adam y Molly vio cómo los músculos de su rostro se relajaban. Sus profundos ojos estaban brillantes y calmos como un lago y Molly se sumergió en ellos.

-         Me comporté muy mal contigo durante estos últimos meses, especialmente ayer, - empezó diciendo Adam mirándola directo a los ojos. – Nunca debí gritarte del modo en que lo hice.

Adam hizo una pausa esperando algún tipo de respuesta de parte de ella. Pero Molly no habló, estaba demasiado envuelta en su encanto e hipnótica mirada.  Elevó una mano y con suavidad acarició su atractivo rostro.

        Molly, no te enamores de mí, - dijo Adam con suavidad pero firmeza en la voz. Adam estaba a punto de agregar algo pero Molly se lo impidió al colocar un dedo sobre sus labios. Él sonrió. – Te quiero, pero mereces más de lo que puedo ofrecerte.

Molly se puso seria en un principio analizando las palabras de Adam, luego sonrió con emoción.

-         Esa es mi decisión, no la tuya, - dijo haciendo una mueca. – Eres un hombre increíble, estoy segura de  no haber conocido nunca un hombre como tu.  Joe tenía razón cuando me dijo que si existiera dos como tu, sería difícil de soportar.

Adam rompió a reír divertido. Por un par de segundos permanecieron en absoluto silencio contemplándose mutuamente. Adam se dejó en volver por la intensidad de sus ojos y la serenidad de su rostro. Deslizó sus brazos alrededor de su cintura y la atrajo más cerca. La sonrisa de su rostro era tan seductora que Molly tocó sus labios con sus dedos una vez más.  El beso fue algo inevitable pues ambos sintieron la atracción y el deseo.

-         Lo siento, nunca debí haber hecho eso nuevamente, - dijo Adam avergonzado al tiempo que liberaba a Molly de sus brazos y se apartaba de ella.

-         Bueno, lo he soñado durante tanto tiempo que no puedo creer que haya sucedido dos veces en menos de un día, - dijo todavía estremecida, tocándose los labios con la yema de sus dedos.

Adam se volvió hacia ella divertido comprendiendo que Molly debía estar pensando en voz alta.

-         No puedo creer que hayas dicho eso, - dijo Adam con desafiante sonrisa y la ceja derecha a medio arquear. Molly lo miró sintiendo sus mejillas cambiar de color. - ¿ Entonces?

-         ¿ Entonces qué?

-         ¿ Te gustó o no?

-         No es asunto tuyo, no pienso decirte eso, - dijo Molly sorprendida por la pregunta, mientras su corazón latía tan desaforadamente que temía que explotara de su pecho. – Sabes, creo que nos encaminamos en buena dirección ahora. Empezamos a entendernos. Gracias por dejarme entrar en tu corazón.

-         Eres increíble, Molly. Verdaderamente lo eres.

-         Pero dime algo, - empezó diciendo al cruzar sus brazos y buscar sus ojos. Adam se puso serio y la miró intrigado. – Considero a Joe y a Hoss como dos hermanos, pero no creo poder considerarte de igual modo; no después de esos besos. – Lo miró traviesamente. - ¿ Qué tipo de relación tenemos, Sr. Cartwright?

Adam sacudió su cabeza sintiendo que Molly lo presionaba y rió divertido.

-         Bueno, creo que podemos considerarnos buenos amigos, tal vez más Molly, pero no puedo ofrecer más por ahora, - respondió y repentinamente la sonrisa desapareció de su rostro. – Y no sé si podré. No me esperes.

Molly asintió y suavemente lo besó en la mejilla.

-         Es un honor tener un amigo como tu.

-         Oh, Molly eres increíble, - dijo. Molly abrió la boca dispuesta a hacer un comentario, pero Adam se la cerró de un beso. – No sé si te gustan mis besos, pero puedo asegurarte que a mí me gusta mucho dártelos.

Ella sonrió y Adam vio la felicidad reflejada en su rostro. Hizo una mueca y se liberó de los brazos de Adam.

-         Bueno, Sr. Cartwright, me alegra que le gusten pero ese fue su último beso. Los amigos no andan a los besos por ahí. - Adam levantó ambas manos en gesto de rendición y asintió.  Giró hacia la mesa y buscó algo para comer. - Te traeré más café, - dijo y se dirigió hacia la cocina.

Adam salió de la casa llevando una taza en su mano. Desde el porche observó a su hermano Hoss jugar con Matt cerca del establo. Joe y Ben estaban parados junto a ellos, riendo divertidos. Tengo que pensar en nuestro futuro, se dijo.

Ben fue el primero en verlo y cruzó el jardín hacia el porche. Adam clavó sus ojos en los de su padre y sonrió. En cuanto Ben vio el sonriente rostro de su hijo, supo que Adam finalmente había regresado.  Asintió y apuró el paso.

-         Papá, no quise lastimarte, - dijo simplemente Adam sabiendo que cualquier otra palabra era innecesaria.

-         Lo sé Adam.  Soy feliz como nunca. Tengo a mi hijo de nuevo en casa y un nieto maravilloso que hace que olvide todo. Ningún hombre puede pedir más. – Ben hizo una pausa y su mirada se encontró con la de Adam. – Te quiero Adam, nunca lo olvides.

Padre e hijo se fundieron en un abrazo. Por sobre el hombro de su padre, Adam vio que Joe y Hoss, cargando a Matt en sus brazos, se acercaban.  Adam se separó de su padre y los enfrentó.

-         Gracias muchachos, - dijo con una sonrisa. Hoss y Joe entendieron a que se refería y asintieron. - Es tan agradable estar de nuevo en casa. - Ben lo miró con emoción comprendiendo que Adam hablaba del hogar de la familia.  Ben pasó un brazo sobre los hombros de su hijo y Adam volvió su rostro hacia él. – Si Papá, aquí es a donde pertenecemos – dijo al tomar a Matt en sus brazos. - ¿ Tu qué piensas, Matt?

-         Soy un Cartwright, Papi, - dijo Matt arqueando su ceja con mirada desafiante. – También pertenezco aquí.

 

Molly escuchó la conversación desde el umbral de la puerta de entrada.  Secó las lágrimas que se deslizaron por la cara preguntándose a dónde pertenecería ella. Ingresó a la casa y cerró la puerta detrás.

 

Fin - Primera Parte

 

 

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